¿Genio o vulgar?

¿Genio o vulgar?

Pues, dilecta leyente, según el diccionario, al hombre vulgar le adornan “virtudes” como la simplicidad, la grosería y la ordinariez, además de ser basto y chabacano. Parece que fue Arthur Schopenhauer, quien dIjo aquello de que “los hombres vulgares han inventado la vida de sociedad porque les es más fácil soportar a los demás que soportarse a sí mismos”.
No estoy de acuerdo. Creo que el hombre vulgar es feliz consigo mismo. No suele hacer autocrítica. Es felón, petulante y cobarde. Al contrario que el recordado “Che”, prefiere vivir de rodillas que morir de pie, por ello sobrevive a todos los avatares de esta jungla del asfalto. Se aferra como una lapa al puesto, y cuando tiene dinero es fanfarrón, despilfarrador, hortera y soberbio con los demás. Suele cometer delitos relacionados con el derecho al honor,  a la intimidad y a la integridad corporal. Por todo ello, no subestime al hombre vulgar, por experiencia, no se lo aconsejo.
En cualquier caso no confunda al hombre vulgar con el llamado “hombre medio”, que suele ser inteligente, prudente, buen padre de familia, honrado y trabajador (verdadera espina dorsal de esta “feria de las vanidades”), ni con el ignorante, caracterizado por una deficiente formación cultural, que es atrevido y fácilmente sugestionable y, por ello, imprevisible. Aunque en Derecho la ignorancia de la Ley no excusa de su cumplimiento, sí puede invocar el error de tipo o el de prohibición.
Otra cosa es el hombre temerario, un individuo intratable en condiciones normales, pero imprescindible en ciertos casos. Es resolutivo, cuando la mayoría duda. Puede ser un héroe en tiempo de guerra o un descubridor de “nuevos mundos”. Luego está el intelectual: El hombre de gran talento puede ser un hombre vulgar como persona y la historia demuestra que han existido “genios” violentos, ladrones, mentirosos, suicidas, abusadores sexuales e increíblemente egocéntricos.  Como vino a decir William Blake, al genio se le deben disculpar sus excesos porque el genio es excesivo por naturaleza y tan poco respetuoso con las normas que rigen el arte como con las que rigen las costumbres. Este tipo de intelectual como el temerario, insoportables como personas, pueden llegar a ser valiosísimos para la evolución y desarrollo de la humanidad. Luego están tipos como Puigdemont, que pertenecen al apartado “especie sin catalogar”.
Por su parte, tanto el hombre vulgar como el ignorante suelen ser perfectamente compatibles y socialmente prescindibles. ¡Dios los crea y ellos se juntan! Pero no se ría de ninguno de estos tipos, puede que alguno de ellos sea o esté a punto de ser su jefe, y suelen ser vengativos.