El derecho al vacile

El derecho al vacile

Pues, dilecta leyente, se habla mucho de que, entre los derechos del detenido, está el de mentir. Lo cual, no deja de constituir una interpretación extensa de las garantías del justiciable. Ni la Constitución ni la Ley de Enjuiciamiento Criminal mencionan tal derecho, para eso tiene el de negarse a declarar y no confesarse culpable o no contestar a alguna pregunta, etc. Sin embargo, parece que la primera interpretación ha calado en el ámbito jurídico y lo dan por bueno.
Así está pasando con casos como el de Marta del Castillo, en el que el condenado se ríe de “Janeiro” sobre el lugar del enterramiento de la chica, obligando a la Administración a gastar ingente cantidad de dinero (que es el nuestro, por mucho que la sentencia diga que lo tiene que pagar el falsario de Carcaño)) y tiempo, vadeando ríos y cavando tierras, cuando no fuerzan a los desconcertados policías a meterse en los vertederos, en la citada búsqueda,  mientras el andoba se lo pasa pipa con la bulla que arma. Por otra parte, el “derecho a mentir” tampoco incluye el de acusar a otras personas impunemente, como podría estar pasando.
Otra cosa es la actitud mantenida por el otro cenutrio, José Bretón, el padre de los niños “incinerados” en Córdoba.  Pues éste sencillamente se negó a declarar sobre donde estaban los cadáveres, pero no trajo a la sociedad como meretriz por rastrojo o, dicho en plan más pueril, como la madre de Marco (el niño de la serie televisiva, que junto con su mono Amelio, recorría medio mundo buscándola), cambiando de lugar en lugar, y siempre que creía haberla localizado, desaparecía por arte de magia, o del destino. ¡No! Éste ejercita su derecho como detenido y, por mucho que nos pueda doler, esto es así. Lo otro es puro trabajo policial,
Se podría proponer a los legisladores que estos gastos que ocasionan estos “notas” porque les da la real gana, cuando sean insolventes les endilguen “un día de prisión por cada dos cuotas impagadas”. ¡Si no quiere decir donde ocultó el cadáver que no lo diga, pero que no nos vacile, encima!
Por otra parte, el careo con los otros sospechosos ha sido un fiasco, porque estos chicos están acostumbrados a mentir. El careo pronto quedará tan obsoleto como el juramento decisorio, y habrá que ir pensando en otros métodos procesales más acordes con la realidad.
Tiene usted razón, dilecta, que antes existía el delito de “inhumación ilegal”, pero ha sido derogado y ahora se considera un acto copenado, ya que no se puede obligar al asesino a que deje el cadáver a la puerta del cuartel de la Guardia Civil o en el centro de la plaza del pueblo. Así que la ocultación del cadáver, cuando corre a cargo del propio criminal resulta impune. Otra cosa sería si el “trabajo” lo realiza un tercero no familiar directo del autor, que le podría caer un delito de encubrimiento. De ello se salvaría Rosario, la pareja de Enrique Abuín, alias “Chicle”, el presunto asesino de Diana Quer. Hoy, una de las razones de negarse a revelar el lugar, podría ser evitar el descubrimiento de una violación, que le podría llevar a una prisión permanente revisable.
En fin, como dijo Epiménides: “Todos los cretenses son mentirosos. Yo soy cretense”.