Los económicamente débiles

Los económicamente débiles

Pues, dilecta leyente, yo me atrevería a clasificar a los pobres dentro de dos parámetros: Pobres de solemnidad y pobres solemnes. En el medio estarían los vagos, maleantes y los anti-sistema.
Los pobres de solemnidad, serían los clásicos mendigos. La mayoría de ellos con algún tipo de deficiencia psíquica o física. Antes iban a pedir por los domicilios, llevando algún papel que les acreditaba de tal condición, y cada casa tenía su pobre de solemnidad, al que alimentaban con un plato de caldo que comía en las escaleras y luego lo despedían con un bocadillo de mortadela. Era la obra de caridad de las “Señora de…”
Los pobres solemnes son los que empezamos a ver ahora. Personas que han perdido su trabajo o su empresa, pero no su dignidad. Que acuden a los comedores sociales con vergüenza, silbando o mirando a las nubes, para despistar mientras esperan a que abra los locales.  
Permítame que, respecto a lo anterior, exponga dos casos extraídos de sendas películas, pues, como bien sabe, la realidad a veces supera a la fantasía. Uno de los films es español, protagonizado por Fernando Fernán Gómez y se titula “Stico”. En él el protagonista es un jubilado profesor de Derecho Romano, que ante su penuria económica, acude a uno de sus ex alumnos, no muy brillante él, pero que prosperó en el mundo de los negocios y le propone ser su esclavo, pues considera que vivía peor que uno de aquéllos. La otra película, la protagoniza y dirige Mel Brook, es americana y se titula “¡Qué asco de vida!”, en ella el actor da vida a un director de una gran empresa que somete a sus socios a la aventura de demostrar que son capaces de sobrevivir 30 días en uno de los barrios más pobres de los Ángeles, sin un céntimo en los bolsillos. En su exilio, en medio de la calle, descubren la otra cara de la vida: la miseria y la pobreza existen realmente. 
Creo que ello nos viene a demostrar como la libertad, sin los medios que te garanticen la independencia económica, es una paradoja, y como a algunos a los que se les llena la boca de política social, les vendría bien darse una vuelta por los comedores sociales (que no los subvenciona, precisamente, la Administración) para ver la labor de suplencia  de sus obligaciones que realizan las tantas veces denostadas comunidades religiosas, que de alguna manera contribuyen a paliar la debacle económica en que nos han sumido precisamente ellos, los políticos de turno.
Ahora, a los vagos los han hecho funcionarios sin oposición. A los maleantes se les han dado cargos políticos donde puedan “cohechar”. A los anti-sistema los utilizan contra sus adversarios políticos, y a los trabajadores autónomos los han elevado categoría de pobres solemnes.