El coche fantástico

El coche fantástico

Pues, dilecta leyente, la supongo informada de ese “sucedido” acaecido en Ourense, en donde “los de Tráfico” habrán terminado por creer que habían identificado a David Hasselhoff, (Michael Knigt en la serie “El coche fantástico”) y su buga “Kitt”, ante una sentencia que parece dictada por Glen A Larson.
La cuestión es que los agentes de la Guardia Civil de Tráfico observan un coche parado en la carretera con un único ocupante situado en la parte trasera. Mosqueados le preguntan a éste por el conductor y les contesta que debía estar vomitando en la cuneta como consecuencia del alcohol. Pero los beneméritos lo encontraron “vomitando” en la vulva de la otra ocupante. Pasado el romántico episodio, le sometieron a la prueba de alcoholemia y casi hace explotar el aparato. 
Llega el juicio y los dos ocupantes del vehículo señalan al “galanteador” como el conductor, El acusado era el propietario, tenía antecedentes y a aquel día incluso estaba privado del permiso de conducir. Pues bien, a pesar de todo, su señoría le absuelve porque dice no encontrar una prueba directa de la conducción. ¿Cómo llegó el coche hasta allí? Digamos que son misterios paranormales y de los efectos especiales.
Cierto que la ley sanciona “al que condujere”, pero también el homicidio dice “el que matare” y aplicando la misma regla anterior sólo se podrían condenar los homicidios flagrantes. En fin, que se podría matar a otro, siempre que no te vean hacerlo.  En cuanto a la seguridad vial, si prosperase la “jurisprudencia” del coche fantástico, cuando cualquier borrachín vea que los agentes le van a parar se podrá pasar a la trasera del coche donde previamente, a falta de otra cosa, llevará una muñeca hinchable y dirá que él no conducía, que estaba a otra cosa. ¡Hay que ver la influencia que tuvo aquella serie de televisión!
Pero si los beneméritos de Ourense aún alucinan con lo del coche fantástico, los de Gondomar no les andan a la zaga con el rapapolvos que les endiñó el Defensor del Pueblo por no saber gallego.
Creo, dilecta, que el representante de la Alta Institución se pasó varios pueblos, confundiendo lo que son las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, con las Autonómicas y Locales. Lo del “deber legal” de aquéllos de hablar y escribir la lengua de la Comunidad en la que transitoriamente prestan su servicio, yo no lo conozco. El caso es que el denunciante se empeñaba en hacer la denuncia en gallego por aquello de la cooficialidad y los agentes quizás recordaron que la Constitución obliga a todos los españoles a conocer el castellano. Al final el Teniente Coronel pondrá a los Guardias a estudiar la hermosa lengua de Castelao.