Arrimadas y un caso de odio

Arrimadas y un caso de odio

Pues, mire, dilecta leyente, esto de la sublevación de la facción catalana de la “diarrea” está suscitando un odio entre los partidarios de la independencia y los llamados constitucionalistas, que desean que Cataluña, con sus peculiaridades, siga formando parte de España. Valga como ejemplo de todos los vituperios, el dirigido a Inés Arrimadas, de Ciudadanos, a la que una choni poligonera deseó que fuera violada y además en grupo, al parecer porque no le gustaron sus declaraciones en un medio social sobre el problema catalán. Ya lo dijo Umberto Eco “Las redes sociales han generado una legión de imbéciles que antes hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad, y ahora se creen premios Nobel. Es la invasión de los necios”
Y es que este Puigdemont y su esperpéntico Govern, aquejado de acondroplasia mental, está creando una crispación en la sociedad que provoca estos desencuentros y que siembra la inseguridad, sobre todo entre los funcionarios que trabajan en aquellas tierras. Este tipo demuestra, con su peinado, que sufre una especie de adolescencia tardía, y su enigmática firma denota la personalidad de un idealista radical al que no frena que sus actos choquen con la legislación estatal, hasta alcanzar una “victoriosa derrota”.
Por su parte el Gobierno es consciente que una actuación contundente contra aquellos díscolos políticos, podría desatar una avalancha de solidaridad con los mismos, considerados mártires de la causa catalana, y por otra parte tiene que mostrar determinación frente a los desafíos soberanistas, para dar confianza al resto de los ciudadanos.  No lo tiene fácil y los waltrapas dirigentes catalanes lo saben. Por otra parte, Mariano cuenta con el apoyo incondicional de Ciudadanos, pero la lealtad de Pedro Sánchez es condicional, aprovechando para meter su idea de la Nación de naciones, etc., en vez de mostrar, en un caso tan transcendente, su solidaridad sin fisuras.
Respecto a la idea de Sánchez, que trata de justificar bajo el pretexto de que solo trata de llevar a la práctica lo que ya otros ilustres socialistas propugnaban, cabe reproducir lo que decía Peces Barba: “No hay más que una nación soberana, que es España. Después puede haber naciones culturales, pero no son soberanas”.  En cualquier caso parece que quiere volver a lo de las tres nacionalidades históricas, por lo que va a tener enfrente, cuanto menos, a la andaluza Susana Díaz, olvidando el dicho: “En tiempos de tribulación no hacer mudanza”.
Al final pasará como en el pasaje de Cervantes “…y luego, incontenible, caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese, y no hubo nada”, y serán unas elecciones catalanas las que aclaren este nubarrón secesionista. Esperemos que con otros actores menos melodramáticos.