Amor tatuado

Pues, dilecta leyente, no quiera saber la cara de asombro de aquellos artistas cuando vieron aparecer a aquel viejete con su boina calada y su bastón, en el que trataba de apoyar sus temblorosas piernas, mostrándoles una borrosa fotografía de una joven y bella mujer con una tierna dedicatoria en la que aquélla le mostraba su eterno amor.
Al principio creyeron que se había confundido de sitio y que realmente buscaba una tienda de fotografía en donde le hicieran un trabajo de restauración tipo photoshop o similar. Pero no, el abuelo sabía lo que quería: Que le tatuaran en un brazo aquella emotiva dedicatoria de su recién fallecida esposa, para llevarla consigo metida en su piel y contemplarla todos los días, a todas las horas y así poder recordar lo feliz que había sido a su lado durante sesenta años de afortunado matrimonio. Parodiando a Bécquer: “Sus cenizas serán polvo,  mas polvo enamorado”.
Era una frase escueta que encerraba en sí misma toda la candidez que una joven enamorada sentía hacia su también adolescente galán: “Te quiero. Pilar” con su firma y rúbrica, para que no quedara la menor duda. A mí dilecta, me vino a la memoria una canción de la desaparecida Rocío Dúrcal: “Habrán pasado lo años/ pero el tiempo no ha logrado que pase lo nuestro/….”
El medio utilizado para tal demostración de amor no es que suponga algo insólito, pues los tatuajes son cada vez más populares entre la población joven y principalmente masculina, pero no tanto entre la gente adulta. 
Historias como ésta existen más de lo que creemos, pero se ven ensombrecidas por esas muertes producto de la violencia machista, que desgraciadamente son las que llenan las portadas de los periódicos y abren los programas de televisión. En realidad, los tatuados deberían ser esos bandarras, como hacían, para dejar señalados a los criminales, en Grecia y Roma. Vamos que los marcaban a fuego, como se marca el ganado como signo de pertenencia; en este caso, simbólicamente, de pertenencia al ignominioso mundo del hampa, en su versión más patética.
Pero, además, la decisión de hacerse un tatuaje y elegir el diseño en realidad no es tarea fácil. El tatuaje es para toda la vida o casi; sólo se puede borrar con complicadas técnicas de láser. Así que mejor sería pensárselo bien y acreditar encontrarse en plenas facultades mentales antes de tomar tal decisión, por las consecuencias de todo tipo que puedan traer y que cualquiera puede prever sin ser un cerebrito.
Mire, será por deformación profesional, pero a mí esa gente tatuada me produce cierta aversión salvo, claro está, en el caso del enamorado viudo de Pilar. ¡Nihil obstat!