Rumor a primera vista

Rumor a primera vista

Comienza a cundir la sospecha de que las redes sociales son todavía más perversas que los partidos políticos. Y los hackers, blogueros, youtubers, tuiteros, y demás fauna cibernética, una panda de Maky Navajas, que maquinan para alterar el curso de las cosas.
Hace unos días -con la encomienda de hacerlo circular-, me enviaron un WhatsApp que denunciaba el despido de 108 científicos del Centro de Investigación Príncipe Felipe (Valencia) y el cierre de no sé cuántas líneas de investigación sobre el cáncer. La cadena la había puesto a circular un tal Vicente Lahera, catedrático de Fisiología de la Universidad Complutense quien, como contrapunto, mencionaba el despilfarro de más de 30 millones de euros en tres cuestiones superfluas: un campeonato de Golf, el anteproyecto sobre las torres de Calatrava que, según él,  jamás se construirían, y la carrera de Fórmula 1. 
Tratando de ser empático -hace años que lucho contra un cáncer-, se la hice llegar a mis amigos y a mi familia. Buena la hice. Algunos me contestaban diciendo que si todo iba bien, otros que si les estaba ocultando algo, los más que si teníamos que quedar para tomar unas copas, los más lejanos me mandaban pulgares hacia arriba, ellas corazones palpitantes, y todos, besos de todos los tornillos y caritas de todos los semblantes. 
Uno, empero, y aquello me dejó de cúbito prono y con el culo al aire, me envió un certero desmentido: los hechos eran atrasados, la situación actual era diferente y Vicente Lahera nunca tal soflama apocalíptica había escrito; es más, los datos personales del catedrático pertenecían a los de la firma de su email que alguien había usurpado sin su conocimiento. Un pan como unas hostias. Porque ya no es que otros jugaran con mis emociones, es que yo, sin querer, había contribuido a difundir aquella patraña, había hecho sufrir a los míos, e incluso había alborotado a mis acreedores. Mal. Muy mal.     
Por eso, a partir de ya, me he propuesto no volver a caer en el rumor a primera vista. No. No voy reenviar más “wazapos”; voy a hacerme inexpugnable a las andanadas de la falacia y, además, voy a creer más en la prensa escrita. Sí, ya sé que la hay de todos los colores y todas las tendencias: progresista, oficialista, sensacionalista, connivente, temática, libre, independiente… (demasiadas acepciones para ser objetiva); pero al menos mantiene las formas; y además puedo elegir cual me apetece criticar porque he de pagarla. 
 Decía Epicteto que la verdad triunfaba por sí misma, mientras que la mentira necesitaba siempre complicidad. Pues conmigo que no cuenten. Estoy harto de que me bombardeen con mensajes falsos. Ya sé que contra esos embates no hay protección que valga. Pero al menos no voy a participar en esa farsa.