¡Ole, tus cojones!

¡Ole, tus cojones!

Al parecer, el arte del cante flamenco se generó en los estratos marginales de la sociedad: gitanos, jornaleros del campo, mendigos, bandoleros, mineros y gente de mal comer. A tenor de sus letras parece probable: la temática carcelaria nunca ha sido ajena al flamenco: “A la reja de la cárcel/ no me vengas a llorar./ Ya que no me quitas pena,/ no me la vengas a dar”.
Y el humor tampoco ha estado ausente en el cante jondo. Oyendo estos días la sarta de sandeces que por boca de los bocazas separatistas auspician tal disparate (de disparo), no puedo menos que reírme evocando aquella irónica copla: “Gitano, ¿por qué vas preso?”./ “Señor, por cosa ninguna./ Por echar mano a un ramal,/ detrás se vino la mula”. 
O sea, lo de los instigadores pro referéndum ilegal: “Yo no cometo ningún delito, yo solo pongo las urnas”, “la culpa es de los votantes que me eligieron, debo cumplir su mandato”. Ay, almas de pa amb tomàquet, ¿no veis que tanto peca el que mata como el que tira de la pata?
Los sensatos hablan cuando tienen algo que decir; los necios porque tienen que decir algo, aunque sean soplapolleces. Y es que estos gerifaltes del independentismo, que llenan las redacciones de los medios de comunicación con argumentos ad hominem y perogrulladas ad nauseam: “Votar nunca puede ser delito en una democracia”, dicho de otro modo, no se puede perder un imperdible; que dominan dos o tres idiomas y manejan presupuestos públicos, pero que no darían ni para recepcionistas de un club de carretera; que se acogen al derecho a no declarar cuando los plantan ante un juez, porque saben que cuando abren la boca no hacen más que rebuznar contradicciones; estos nacionalistas de todo a cien que ayer mismo sulfataban (por labios y halitosis de Artur Mas): “El independentismo es un concepto anticuado y oxidado”, porque estaban recibiendo fondos a mansalva; estos pirómanos incendia calles que luego se cagan por la pata cuando unos fanfarrones de los del “yugo y las flechas” se acarician el paquete; estos, digo, leones del escrache, se amansan como gatitos cuando escuchan un fandango. 
El otro día una panda de perro flautas, niñatos, baturrillos, badulaques y demás chusma antisistema hicieron una cacerolada -para impedirles descansar- frente a un hotel de la localidad de Calella (Barcelona) en donde se hospedaban tres o cuatro picoletos. Uno de ellos –sevillano para más cachondeíto - salió al balcón, se puso el tricornio por montera y se arrancó por bulerías. ¡“Arsa”, mi “arma”! No habían pasado tres compases cuando los “votarem, votarem, votarem” ya se habían transformado en “¡ole, ole y ole!”
 Esto es España, una nación de inculturas diferentes; un pitorreo continuo; una panda de “fistros pecadores”, que diría Chiquito de la Calzada, que no tienen otra cosa que hacer que dar por culo. Ojo, no nos vayamos a hacer “pupita” con eso de “la nación de naciones”. Siempre será mejor hacer “guarreridas sexuales” que otro Valle de los Caídos. El “ole, tus cojones” se puede trastocar en un “ole, tus muertos”. Y eso siempre, siempre, será una desgracia.