E nós que culpa che temos?

E nós que culpa che temos?

El rey no puede ser igual que todo el mundo, porque no todo el mundo puede ser rey. Y no todo el mundo puede cazar elefantes en Botsuana, y tener una amante cachonda para pasear por el mundo en aviones de la Fuerza Aérea Española, y ponerle a tiro jugosas comisiones por supuestas asesorías, y hospedarla en el Palacio del Pardo para, a escasos metros de La Zarzuela, tenerla a ídem cuando se le antoje. ‘No, señor’. Pero al menos pidió perdón: “Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir”. Y ahora es rey emérito. Que no está mal. Pero que no es lo mismo. 
La infanta ha salido de la villa, pero la villa no ha salido de la infanta. Aún le queda ese ramalazo de niña pija de Puerta de Hierro: “Qué ganas tengo de que acabe todo esto para no volver a pisar más este país”, ha dicho al terminar el juicio por el caso Nóos. Niñata. Remilgosa. Repipi. Repelente la Cristina. 
Este país, señora mía, es el que le ha permitido a ud. vivir a cuerpo de reina; tener chóferes, guardaespaldas, palacio de todo tiempo y de verano; es el que ha pagado por su –mala- educación en los mejores colegios, y ha mantenido sus caprichos de actriz de reparto -de prebendas-. Al menos algo nos tranquiliza: con su huida no habrá fuga de talentos. 
Por ser vos quien sois, pródiga infanta, estáis donde estáis ¿O acaso os batisteis en igual contienda para conseguir vuestro bien remunerado puesto en La Caixa? No lo creo. Ya sabemos cómo vais de justitos los Borbones en lo que a la cabeza de arriba se refiere.
Por ser vos quien sois –no por estar enamorada y no saber lo que firmabais- el fiscal, acicateado por el Gobierno, y otra vez a cuenta de los siervos, fue vuestro mejor abogado defensor durante todo el proceso judicial. Sin él, otro gallo os sacaría los colores. Si no, no os iríais de rositas, como ya bullen los mentideros, con una simple sanción económica. 
Por ser vos quien sois, dimisionaria compatriota, que ahora os queréis dar al piro sin restituir lo distraído, y por vuestra mala cabeza en Aizoon, y por vuestra ambición, y por ese ramalazo plebeyo que os entregó a ‘duques empalmados’, estáis pasando este calvario fuera de la cárcel, en Ginebra, la ciudad más cara de Europa y no entre rejas –ni vos ni vuestro marido habéis tocado los barrotes-, como estuvieron, están y volverán a estar otros de vuestra misma ralea: Blesa, Mata, Correa, Bárcenas, Granados, Díaz Ferrand, etc. 
Y mirad, os confieso que hasta me caíais bien; con vuestro rictus distante en la Audiencia, durante el juicio, vuestra estoicidad, vuestra sangre azul y vuestro hieratismo lapislázuli. Pero no. Era por el Trankimacín, al parecer, porque debíais estar frenada; porque fue abrir la boca y matarme con vuestra halitosis de rancia piorrea. 
Vaite e non volvas infanta. Corre Cristina que chove. Pero ‘nóos’ non che temos culpa ningunha. Fúche tú, a que fuche cagar ó palleiro. Fuche tú, que traías as pallas no…  ¡Boas Festas! Saudiña para todos.