El niñato y la petarda

El niñato y la petarda

Animalistas. Animalescos. Animaladas. Por fin los han detenido. El niñato y la petarda. Veintiuno y treinta y tres años despectivamente. Para mí no es suficiente. Quiero que los toreen en el ruedo cibernético. Que los sometan al martirio incruento de los telediarios. Y después, animales de lombrices y bellota, que los suelten en el monte del desprecio. 
 Solo adoran al becerro del odio. Quién, si no, escribe en Facebook, refiriéndose a un niño de 8 años víctima de un tumor maligno que, valiente, anhela ser toreo: ‘Que se muera, que se muera ya. Un niño enfermo que quiere curarse para matar herbívoros inocentes y sanos que también quieren vivir. Anda yaaaaa! Adrián, vas a morir’. O en Twitter: ‘Qué gasto más innecesario se está haciendo en la recuperación de Adrián, ese niño que tiene cáncer, que quiere ser torero y cortar orejas’. 
 Estas animaladas las escribieron los animalescos –de animalistas nada- Aizpea Etxezárraga (y Gonorrea), una perra -de flauta ni los agujeros- natural de Éibar. Y Manuel Ollero (y pajillero), de Cuéllar (Valencia): Maverick, se hace llamar: un pistolero de indecencias; un castrato mental, que diseña páginas web en sus ratos de disfunción eréctil.
 Estos sicópatas son capaces de dormir a pierna suelta porque se creen simpáticos. Estarían como una puta cabra, ambos a dos, si lograsen mejorar su coeficiente intelectual. De momento solo son unas cagalletas espetadas en una red social.
 Éstos son los que se preocupan, por ejemplo, de salvar a las gaviotas de calcárea defecación y áspero chillido; pero rocían con insecticida a las abejas, porque les incordian cuando echan la siesta. Éstos defienden al oso hormiguero, que esnifa millones y millones de hormigas; para ellos, en el tamaño y en la fuerza de los animales, no hay discriminación positiva que valga. Éstos se congratulan con a la Guardia Civil cuando salva a un pato malherido de morir ahogado en las marismas de Doñana; sin embargo no les da lástima que se carguen a seres humanos al dispararles balas de vergüenza en la playa de Melilla. Éstos, no nos engañemos, son los que reivindican la igualdad entre hombres y mujeres en el asunto de los sueldos; y desprecian a los niños, porque lloran, o porque dan trabajo, o porque se ponen enfermos. Éstos, en fin, solo son unos hijos de fulana, con ventanas a la rúa del cinismo. 
 Pues para no conculcar la paridad de género, yo voy a ser políticamente incorrecto: a él le daría una patada en los cojones, y a ella otra igual de certera en la ventosa. No es nada personal. Es una forma de aplicar justicia, sin perder el tiempo ni el dinero. De un punterazo en las cloacas pudendas nadie se ha muerto, que yo sepa. Y mejora mucho la cabeza. Así que hágale, que diría Pablo Emilio Escobar Gaviria. Y que no se quejen éstos boca sucia –sapos les llaman en Colombia-, Escobar los eliminaría de un plomazo sin dejar ni rastro. Como ahora ellos, que pretenden borrar en internet el odio con que ensuciaron el buen nombre de un caballero de ocho años, que lidia con la parca cuerpo a quimio. #AdrianTeVasACurar. ¡Ánimo valiente!