A más a más, el "valent" es un "cagat"

A más a más, el "valent" es un "cagat"

José Téllez, tercer niñato de alcalde del Ayuntamiento de Badalona -cargo con mayúsculas: algo así como ser el director general de Transporte y Tránsito terrestre de las Illas Cíes-, hizo trizas (vamos, que se lo pasó por el forro de las gónadas) delante de toda España el auto judicial que les impedía abrir el 12 de octubre el chiringuito de muñir demagogias. 
 ‘Hay que tener más ojo clínico, pardillos –nos viene a decir ahora-: no me metí el dedo medio en el culo y me lo chupé, ¡que fue el índice!’… Es decir, ‘¡picasteis: era una fotocopia!’ ¡Ah, pues acabáramos: a más a más, el ‘valent’ resultó ser un ‘cagat’! 
 Todo idiota tiene derecho a su minuto de gloria; pero este fantoche no puede irse de rositas, ni de setas, ni de calçots. Menos aún de farol: si uno paga en un comercio con un ‘bin laden’ fotocopiado, delinque; si uno atraca un banco con una pistola de plástico, delinque; si uno envía por internet reproducciones de pornografía infantil, delinque. Y cuando se trata de documentos públicos –por ejemplo, un desahucio- una simple ‘copia simple’ ya va a misa. Este ‘caganer’, por fantasmón, debería ir a la cárcel. 
 Hace unos días, aquí, al ladito, en ‘Puentearenas’ sin ir más ciegos, una comisión judicial dejó dos días sin casa a un honrado matrimonio. Se equivocaron de piso. Desahuciaron a la familia que pagaba. Les cambiaron la cerradura cuando ellos estaban ausentes, y –eso sí- les dejaron en la puerta una nota-lapa del juzgado escrita a mano. Era demasiado tarde cuando llegaron. Tenían todo dentro: enseres, muebles, comida, medicinas… Necesitaban abrir. Era una urgencia. Era su hogar. Era justicia. 
 Acudieron al cuartel de la Guardia Civil. En efecto, era un castigo sin crimen: no coincidían nombres ni inmueble ni la madre que parió a los de la comisión judicial. Era un error. Más claro el agua, que al parecer aquel piquete de beodos ni cataba. Llamaron –Benemérita mediante, no garante- al juzgado de guardia. Nada. Imposible. Aquellas no eran horas de oficina. Había que esperar al día siguiente a que abriese el ‘Cuchitril de Justicia’. ¿Solución? -y eso que para combatir las acciones reprobables llevan hasta in fraganti las pistolas-: ‘No toquen nada, no rompan nada, no hagan nada; pueden cometer un delito; vayan a un hotel; a urgencias, a que les receten trankimazin; esperen a que se aclare todo como dios manda’. 
 Dos días, digo, le llevó al matrimonio ponteareano solucionar el disparate. 
 País peripatético esta España.