Los hijos prodigios

Los hijos prodigios

Y aquellos capullos dilapidaron su herencia viviendo de puta madre. Cuando hubieron malgastado todo, sobrevino un hambre extrema y comenzaron a pasar necesidad. Deseaban llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero ni eso les daban. Y se dijeron: ‘Nos levantaremos, volveremos a nuestra casa y les diremos: hermanos la hemos cagado; ya no merecemos ser llamados ni españoles’. Pero el viejales nada más verlos venir perdió el culo a correr y ordenó a los demás contribuyentes: ‘Concedámosles a estos manirrotos una mejor financiación, matemos el mejor novillo, y hagámosles una quita a su deuda como el diablo manda”. O algo así.
 En la parábola original del hijo pródigo, tras la rebeldía inicial del casquivano venía el sufrimiento, luego el arrepentimiento y por último el perdón. Pero aquí, hala, a tirar España por la ventana a las primeras de cambio. Palo por si remas y palo por si has cumplido con el rigor presupuestario (o algo así es); y la zanahoria se la dan a quienes se pulen la pasta de los que les sustentamos los desmanes… Sí, sí, me estoy refiriendo a los gallegos en primer lugar, y también a aquellas comunidades –muy contadas- que han cumplido con sus deberes de austeridad. Y, en contraposición, como es público y sangrante, me refiero a Catalunya, la del “procés”, la insolidaria, la del trío calavera -Pujol-Mas-Puigdemont-, la de “Espanya ens roba”.
 Si, tal como se dice, el señor ministro Montoro, con la connivencia del señor presidente Rajoy (¡ay, Señor, Señor!, cuánto se toma tu nombre en vano), aprueban y consienten una condonación por el morro a quienes se han pulido 60.000 millones “en picos, palas y azadones”, y en embajadas, y en elecciones, y en publicidad secesionista, el agravio comparativo que se genera es tan sangrante que no habrá en el vademécum farmacéutico hemostático que lo restañe. 
 Y el que tenga oídos para oír que se quite la venda de los ojos. No podemos seguir haciéndoles el juego sucio a los que nos maltratan de esta forma. Basta ya de ser la Cenicienta de España. Sí, sí, me estoy refiriendo a Galicia. Y a su AVE (María) inacabado. Y al PP, y a Rajoy, y a Feijoo y a los que nos vienen a pedir el voto y luego solo barren para fuera.
 Dice la parábola que cuando tocas mucho los cojones al final te llevas una hostia. Algo así puede que suceda.