Hola y adiós

Hola. Casi debería decir hola y adiós y continuar pasi-señoreándome por Ourense con mis dos amigos. Qué ciudad tan bonita, rediós. Y qué gastronomía. Y qué pulpada nos metimos el otro día entre Ribeiro y mencía. Cada vez que escucho decir que Ourense no tiene mar pienso lo mismo: no lo necesita, le basta con el pulpo y con la playa de las Burgas.
Los dos hombres que hemos tenido esta semana en el Foro ‘La Región’ -mejor voy a decir los dos visitantes, por si acaso me tildan de machista- son de una pasta especial: y digo ‘pasta’, para evitar lo de ‘raza’ o ‘casta’ por aquello de ‘fascista’, o ‘podemita’… ¡Uf!  Menos mal que el román paladino tiene muchos recursos: Digamos, pues, que son dos tipos de puta madre. 
Son médicos cirujanos: Salvo los dedos de George Clooney (qué no habrán tocado los dedos de ese tunante, mi madriña) me gustaría tener las manos de estos dos señores. Porque aunque Henry March ande diciendo por ahí que “todo cirujano lleva en su interior un cementerio” me consta que ambos han salvado muchas vidas. Henry March (que es un neurocirujano inglés que opera cerebros; claro que operar cerebros es como desactivar bombas) también dice que “hay que tener poco y bueno, que todo lo demás es lastre”: y aquí sí os puedo asegurar que Buitrón y Sabrido se ajustan como currela al sueldo a ese patrón: ambos ejercieron siempre la medicina pública; ambos colaboraron con Cuba de forma altruista; ambos son ‘rojos’, de la izquierda intensa, y las quimeras azules. Y a mí, que siempre tuve dudas al respecto, aquí me pasa como con la religión: no creo en dios, pero sí en los ángeles custodios. Dicho de otro modo, un hombre capaz de trasplantar un hígado, un corazón, un riñón y lograr que prenda en otro cuerpo es lo más parecido a dios que he conocido. 
José Luis García Sabrido nació en Madrid, allá por  mitad de siglo. Hijo de maestra y practicante, enseguida le entró el gustillo por la docencia y el bisturí. Licenciado en medicina y cirugía con cuatro matrículas de honor, cuatro sobresalientes, y once notables; doctor en medicina y cirugía con una tesis doctoral calificada sobresaliente cum laude; jefe de servicio de cirugía general en el Gregorio Marañón;  profesor titular de cirugía en la Facultad de la Complutense y catedrático, es el que más me conoce por adentro porque, como con las de Fidel Castro, también anduvo con mis tripas. Este hombre ha conocido a muchos hombres, por eso ama tantísimo a sus perros.
José García Buitrón nació en Toreno, León. (se llevan un mes de diferencia). Hijo de médico y maestra, quedó huérfano con 10 años y siempre ha sido un sobreviviente y un luchador. Se licenció de medicina en Santiago de Compostela. Se especializó en nefrología en el hospital San Pablo de Barcelona. Estuvo en el Medical College of Virgina (programas de trasplantes). Fue coordinador de trasplantes de la Comunidad Autónoma gallega. Fue gerente del hospital Juan Canalejo. Y, una vez jubilado, fue senador por Podemos. Os aseguro que si Pablo Iglesias fuera como él, yo mismo pediría el voto para el partido morado.
Podría ahora empezar a contar detalles de sus vidas. De sus amores. De sus milagros. Pero como hay tanto y bueno que decir, me circunscribo a lo que escribí el pasado domingo: ‘Dos vidas bajo el mismo signo’. El signo de la admiración que les profeso. 
Gracias, a ambos, por venir al Foro ‘La Región’; y gracias por habernos enseñado, en tan poco tiempo, tantas cosas.