Ya hieden los muertos (a demagogia)

Ya hieden los muertos (a demagogia)

En la historia de la humanidad, tan solo la telefonía se puede equiparar en su vertiginoso desarrollo al de la aeronáutica. Hace apenas 100 años que los hermanos Wright, fabricantes de bicicletas, lograron volar con su artilugio 260 metros en 59 segundos; el piloto iba recostado en el ala inferior, el motor tenía apenas 12 caballos y el alabeo se hacía tirando de unas cuerdas atadas a las puntas de las alas. El aparato era un biplano al que denominaron ‘Flyer’ (en español: Volador). Volaba lo que una codorniz. Más o menos.
 En Europa, en 1906, Santos Dumont, un ingeniero brasileño, voló cerca de 60 metros a 3 sobre el suelo en el campo de Begatelle (París). El hecho fue considerado un prodigio de la ciencia, él, un héroe: “El héroe que asombró al mundo entero./ Más alto que las nubes./ Casi Dios./ Santos Dumont, un brasilero”, loaron su gesta sus paisanos. 
El 25 de julio de 1909 Louis Blériot consigue atravesar el Canal de la Mancha; todo un hito que lo convierte en otro héroe nacional francés. “Inglaterra ya no es una isla”, escriben los periódicos de la época (aunque bueno, ahora se aíslen con el Brexit). En fin. Luego vino la Primera Guerra Mundial, con aviones de madera, alas de tela y ases de la aviación, como el alemán Manfred von Richthofen (el Barón Rojo), apodo que se ganó por el color de su ‘Fokker’ y porque pese a derribar 80 aeronaves enemigas, permitía escapar a sus víctimas malheridas. 
Comenzaba pues el siglo XX cuando comenzó la aviación. Charles Lindbergh cruza el Atlántico en solitario con el ‘Spirit of St. Louis’, uniendo el continente americano con el europeo tras 33 horas y 32 minutos de vuelo sin escalas. Estamos en mayo de 1927. Y todavía estamos en ‘pelotas’ –permítaseme el símil- en lo que a transporte aéreo se refiere. Es más, cuando Franco vuela desde Canarias a Tetuán en el ‘Dragón Rapide’ para comandar el alzamiento militar, en julio de 1936, la aviación todavía era una aventura; una forma de transporte inusual: muchas veces un viaje sin retorno.
Pues bien, desde entonces -ayer como quien dice- el hombre ya pisó la Luna, miles de satélites circundan el planeta, existe el GPS, el Meteosat, la MIR completa su órbita en apenas 2 horas. Hoy nadie imaginaría la vida en la tierra si no hubiésemos tomado el cielo por asalto. (Y no me refiero a Podemos precisamente.) Me refiero a que, pese a ser el transporte más seguro, ha habido muchísimas catástrofes aéreas: han perecido hombres y mujeres de toda edad, clase y condición: artistas, cantantes, políticos, gerentes de empresas, mandatarios de países, periodistas, equipos enteros de fútbol, aficionados y pasajeros anónimos (como los de Spanair, Malaysia Airlines o Germanwings). 
 Me refiero al desgraciado accidente de Yak-42: había niebla; no se veía ni para cantar; la tripulación hizo tres intentos de aterrizaje; se trataba de militares españoles que venían de un país en guerra, no de turistas en un vuelo de Pullmantur; el avión, pese a no ser el ‘Air force one’, no fue la causa. Está demostrado. 
 Me refiero a que las cosas –la identificación de los cadáveres, la repatriación y todo eso- pudieron hacerse mejor. Trillo me cae como una patada en los cojones. Bono, como un bono basura: ambos tienen la mentira por divisa. Me refiero a que han pasado ya 14 años. Quieren que Rajoy diga: “Perdón”. No sé. Aquí ya empieza a heder a demagogia.