El que rompe, paga

El que rompe, paga

El que rompe paga, y se queda con los cascos. Y paga con la cárcel si no tiene pasta suficiente. Y no, no la tienen ninguno de los dos; y de la que están hechos no vale ni para alicatar las paredes de un chiquero. 
 El uno es “Put Demon” (Puto Demonio), el que se tapa con el pelo la herida de la frente (la herida de la mente no hay manera de disimularla) que le dejó un accidente de automóvil; el mequetrefe de la CUP, el Moisés de todo a cien que conduce a su pueblo hacia el abismo, el (i)responsable que tiene que responder sí o sí ante la justicia, el loco de atar, el reo de cárcel. 
 El otro es de la barba (hasta en eso se parecen) con la que oculta también las secuelas de un accidente de automóvil; el que se fuma un puro mientras el país se resquebraja. Un “profesional” de la política (sin credibilidad, liderazgo ni coraje, como la mayoría), que si hiciese la mitad de lo que dice, ya haría el doble de lo que hace. Un rey (reina en el PP, pero no gobierna en la Nación) pasmado. Su parálisis nos ha guiado hasta este bajío de desesperanza. 
 El primero, un valentón acojonado, que en su discurso urbi et orbi de declaración unilateral de independencia “caló el chapeo, requirió la espada,/ miró al soslayo, fuese y no hubo nada”, tendría que estar ya el trullo. El segundo un acojonado motu propio, intenso en su estulticia, inútil en sus amenazas, parco en tomar decisiones, peligroso como una aguja en un caldo, porque éste, además de rajar estupideces como todos, manda; tendría que estar ya fuera de la política: además de estar amortizado está deslegitimado para salvar la concordia y convivencia entre los ciudadanos; él es timonel que metió el país en las piedras. En su hieratismo de tronco mohoso floreció la CUP, reverdeció el populismo, anidaron los perro flautas. Huyendo de él se marcharon miles y miles de catalanes que ahora son independentistas; y hasta las empresas, que si se van de Cataluña no es porque le tengan miedo al fantoche de Puigdemón, es porque no creen ni una sola palabra de lo que dice Marianico el Xopas y temen quedarse fuera de Europa.
 A lo que íbamos: ¿Quién paga ahora esta fiesta jolgorio de despropósitos? ¿Quién los tres transatlánticos en dónde se hospedan los policías? ¿Quién los hoteles, las dietas, el combustible, los coches destrozados de las fuerzas de orden público? ¿Quién se hace cargo de las pérdidas que ocasiona un referéndum ilegal, o una huelga general auspiciada por un gobierno irresponsable y consentida por otro irresoluto? ¿Quién de sufragar lo que costará limpiar el chapapote de la mala imagen de España (recordemos los “hilillosss” del “Prestige”), o de apoquinar con el incremento de la prima de riesgo por la falta de confianza de los mercados? Tú, yo, nosotros. Como siempre. 
 El Estado no es Rajoy. El país menos. Pero nos lo dejará hipotecado. La deuda externa se duplicó en su mandato. Y la fractura social tardará muchos años en soldarse. Y esto no hay pelos que puedan disimularlo.