Dónde estaba Dios

Dónde estaba Dios

No hubo odio, como el que envenena a las huestes de los dioses inventados. No hubo meditación apriorística. Hubo errores humanos. La tripulación del Vuelo ATP SP530M, que había despegado de Punta Delgada (Islas Azores) aquel 11 de diciembre de 1999, ‘estaba plenamente convencida’ de que la aeronave se encontraba sobre el canal de ‘São Jorge’, justo antes de impactar contra el ‘Pico da Esperança’ en medio de un temporal de viento y lluvia. 35 personas perecieron. En la misa de cuerpo presente por las víctimas, el sacerdote que la oficiaba acusó en voz alta: “¿Onde estava deus, quando isto aconteceu?”... Me parece excesivo echarle la culpa a dios. 
Hace un par de meses, en medio de un paisaje desolador, 64 personas perdieron la vida en el incendio de ‘Pedrógrão Grande. Aquí, al ladito. El fuego arrasó casas, coches, animales, enseres, maquinaria. Bosque, fincas y masa forestal quedaron convertidos en ceniza; eran, para la mayoría de los vecinos, su único medio de vida. Dios, el ‘Altísimo’, tal vez no pudo ver desde allá arriba aquel Sodoma. Ni avisar. Por tanto no podemos acusarlo de ser cómplice.  
Pero resulta que hace un par de semanas, en Madeira -otra vez en la fervorosa Lusitania-, en una ‘procesión religiosa’ (*) en honor a Nuestra Señora del Monte, un árbol centenario de grandes dimensiones se desplomó sobre los devotos y mató a 13 almas creyentes. Inocentes… Entre ellas había niños, angelitos, que dios se llevó a su cielo de coros celestiales,  querubines que cantan y serafines que tocan la trompeta. En los hospitales de  ‘Funchal’ quedaron los heridos, más de 50, a merced de los doctores y enfermeras… Menos mal.  
Y ahora soy yo el que se pregunta: Dónde andaba el sumo Hacedor, el artífice de todos los milagros, el Ser ubicuo, el Dios omnipresente, el que tiene contados todos y cada uno de nuestros cabellos; dónde aquel ‘Yo soy el que soy’, ‘El Señor proveerá’, ‘El Señor que sana’, El Señor es mi bandera’, ‘El Señor es mi pastor’, ‘El Señor es nuestra paz’. ¿Qué dónde?; allí mismo: ese ser sin rostro y sin piedad, incapaz de ver el sufrimiento de las gentes, se solaza reuniendo a sus fieles un día determinado, en un punto sin cielo, sabiendo que el carballo que lleva 200 años allí plantado los aplastará como rosas en un libro. Líbrenos dios de sí mismo que del maligno todos nos velamos. 
Siempre tan alejado de las miserias y desastres de la gente, si dios existe no tiene perdón de dios. Si dios hoy viniese al mundo, sería el mayor ateo. En realidad nos lo advirtió: “Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”. El problema es que no nos dijo cuándo. Y la mentira nos subyuga como a esclavos.
(*) “Parece cosa del demonio”, dijeron algunos de los allí presentes: autoridades, miembros de Protección Civil, técnicos forestales, incapaces de reconocer un árbol podrido. Pero el demonio ya advirtió que si nadie asumía su culpa él no iba apandar con la de todos.