Curvas, 'coidos' y 'vosvois'

Curvas, 'coidos' y 'vosvois'

Coido que…’, así comienzan siempre sus disertaciones mientras se mesan la barbilla, los piercings, o las greñas. Son pacíficos, salvo que vayan en manada. Hablan gallego normativizado. Militan en la confrontación. Digas lo que digas, pienses lo que pienses, calles lo que calles, ellos siempre tienen algo que objetar. Nunca han tirado piedra al aire, ni libelo; ni han dado palo al agua, pero apuntan siempre a dar. Suelen mantener las formas, al principio: ‘Coido que…’, pero terminan hiriéndote, o dejándote por imposible, o por carca, o por facha, o por patán. Nunca, eso sí, se cortan un pelo por escrito: insultan a dios bendito que les lleve la contraria, así tenga cuenta en twitter, Facebook o Panamá. A veces dan en el clavo. Y te convencen. Te afiliarías a su indignación de no ser por sus principios. Y sí, ‘coido que’ en comparación –quizás porque ellos aún no han tenido ocasión de demostrar lo contrario-, con los de antes, semejan ser más honestos, más nobles, más equitativos. Menos cínicos, me parece mucho aventurar.
‘Coido que…’ y van desgranando ideas y enumerando carencias; y en medio de la predicación te saltan con cualquier barbaridad. Lucen filósofos pero suelen ser politólogos, los menos. Los más son profesionales de la media verdad, o amateurs de las democracias virtuales, o portavoces de las catástrofes aumentadas, o voyeurs de las frases hechas. 
Usuarios de las nuevas tecnologías a nivel aficionado -a discrepar- te dan cien vueltas online. Visten con un deje de abandono. Tienen un look de saltimbanqui de semáforo. Su credo, su letanía, su latiguillo, su muletilla, su capa y su sayo es su ‘Coido que…’ Y coidan que el sistema es una mierda, la sanidad un desastre, la educación una ruina, el trabajo una esclavitud, la desnutrición infantil una epidemia, la hambruna nuestro pan de cada día y que España está peor Afganistán. Estos son los ‘coidos’ a los que me refiero.
Los otros son los ‘vosvois’. Seguidores incondicionales de los primeros, corifeos de un cambio del que ellos serán víctimas no artífices, palmeros de un anarquismo subvencionado ad infinitum, hablan castellano –o lo intentan- para darle más empaque a sus consignas, enlatadas, y a sus plagios tachonados de falacias. Con más intención que fortuna, a pecho y a analfabeto descubierto, intervienen en cualquier foro callejero, familiar, amistoso, o laboral. ‘Vosvoi decir…’, dicen cogiendo carrerilla. Y dicen cualquier parida que se les ocurra en ese momento siempre que vaya en contra del sistema.
 Entre ‘coido que’ y ‘vosvoi decir’ (creo que, y quiero ‘decirvos’) anda la regeneración de la política gallega. Los otros son los del apóstrofe, que ni chicha, ni chufa, ni chachachá. Y luego están los de siempre, los del birrete, los de la boina y el rojerío del Pablo Iglesias, el de verdad… Dios nos coja confesados el 25 ese…   Sí, ese ‘25 S’ que, de tan sinuoso, se me antoja de agárrate que vienen curvas aquende la meseta.