Currelas vs. universitarios

Currelas vs. universitarios

Ni siquiera la madre iglesia tiene ya doctores, están todos en el paro. Y todo el mundo sabe que una sardina es una ballena que ha pasado por las manos de un gobierno autonómico. Nos trasfirieron la educación, después los políticos nos montaron una universidad (y un aeropuerto para emigrar) en cada pueblo, y ahora resulta que en Galicia sobran universitarios y faltan currelas del naval.
 Cada universitario le cuesta (nos cuesta) al erario una media de 6.900 euros por curso; cada universitario estudia lo que se le pone en la entrepierna; cada universitario quiere después trabajar en “lo suyo”, aunque lo suyo sea Periodismo donde las expectativas laborales son de -1.500 puestos de trabajo al año, o Biología Marina con máster en “delphinapterus leucas”, una especie de cetáceo que solo habita en las regiones árticas. Pero lo suyo es su sueño, ¿cómo van a malgastar “lo nuestro” en FP?
 Estos universitarios, a los que amén de pagarles los estudios se les paga también por estudiar -a todos se les conceden becas- a la postre terminan de camaretas ilustrados en Londres, París o Berlín; o de brigadistas forestales, aunque no hayan cogido nunca un “batefuegos”; o de funcionarios de parques y jardines por su capacidad para superar la oposición aunque, “¡carallo para o angazo!”, solo sepan su nombre cuando el mango les atiza en todo el morro tras pisarle el travesaño. 
 Ah, pero resulta que en el naval faltan soldadores, caldereros, electricistas, carpinteros, mano de obra cualificada en general. Resulta que la plantilla está missing –en sus casas, cobrando prejubilaciones por los ERE-, o envejecida, deseando mandar la máquina de soldar, los diodos y el capataz a las simas abisales porque aquí ni patronal, ni sindicatos, ni Consellería han sabido nunca premiar a los buenos y castigar a los vagos.
 Resulta que ahora todos los astilleros de la Ría de Vigo tienen carga asegurada de trabajo para el 2018, pero los trabajadores vendrán de otras latitudes, de fuera de Galicia para más inri, mientras nuestros universitarios arrastran una auténtica cruz sirviendo copas en las heladas terrazas europeas.
 Y no, no vale con echarle la culpa a la crisis, al tax-leasse, y a que la abuela alumbró gemelos, porque la Xunta tiene un montón de iluminados que se supone que están para estas cosas. Xa sei que o falar non ten cancelas, xa sei que non é sopa de sobre pero ¿sabedes qué?: Menos universidades y máis formación profesional, menos togas y máis monos de traballo, menos teoría y máis caretas de soldar, e outro galo cantaría neste alborexar do naval que agora nos encandea.