Antes era pus, ahora es costra

Antes era pus, ahora es costra

Víctimas de la erótica de la nueva política, empalmados como el duque de Palma (vergüenza ajena, dios) por la lozanía de sus promesas, al final resulta que nos hemos ido con la ramera más asquerosa, la más vieja, la sifilítica. Hemos confundido la putrefacta secreción de sus partes pudendas con la lubricación de la cópula. Lo que ayer era pus es ahora costra. La jodienda nos lastima.
 “La primera vez que me engañes será tu culpa –dicen los árabes-; la segunda vez, la culpa será mía”. ¿Es que no vamos a tener vergüenza propia? ¿Es que vamos a consentir una vez más este puterío? No votemos. Tengamos algo de decencia, ya que, como las peras al olmo, no se la podemos exigir a quienes no son más que unos vulgares proxenetas.
 Hagamos como el rey. El rey reina pero no gobierna. Ni vota. Y hace como que se enfada. Pero en el fondo se sabe el tuerto en el país de la ONCE. Un Blas de Lezo, Mediohombre* en una contienda de liliputienses cerebrales, de intelectuales de media neurona. 
 ¿Y tú, votas o trabajas?, pronto nos lo preguntaremos por la calle. Esto hay que remediarlo cuanto antes, como lo de la búsqueda de ‘pokemones’. Yo propongo tres opciones: Primera: que cambien los candidatos; que las mafias rivales elijan otros ‘padrinos’ para negociar un acuerdo. Los españoles no nos merecemos esta gentuza: ellos sí: un 14 de febrero a lo Al Capone, como el de Chicago. Segunda: que lo diriman, como tahúres que son de la mentira, a la carta más alta, o al planteamiento más rastrero –a tiros sería lo ideal, pero estos no tienen cojones-. Tercera: que nos salve Berlusconi, Tele 5: que los metan en un Gran Hermano cutre, a pan y asco, modelados por la Milá, el Jorge Javier, o el lucero del alba y no salgan hasta que, después de darse bien por el dorsal unos a otros, haya ‘fumata colocona’ (de eso es de lo que se trata, de cargos: no nos engañemos). 
 Más elecciones no. Neguémonos. Los conocemos de sobra. Hasta el hartazgo. Hasta en la sopa los tenemos. Los aborrecemos. Que hagan como los españoles más inteligentes, los vascos (que son los que levantan las piedras más pesadas): “¿Para qué vamos a discutir –dicen que dicen- pudiendo arreglarlo a hostias?”. Que se maten pues, pero que arreglen un gobierno en la discrepancia sana. O que se larguen para siempre en hora mala. Agur. (Los vascos que se queden, claro, que España sí se van, se va al carajo). 
 Qué asco, de verdad.
 Lo que antes era casta ahora es caspa.
 Y pus.
 Igual que una gonorrea. 
 (*) Blas de Lezo y Olavarrieta. Vasco. ‘Mediohombre’ le llamaban, por sus heridas de guerra: tuerto, manco, sin una pierna. Le dio por el "brexit" a los ingleses en Cartagena de Indias hasta decir sácamela. Con sus huevos y las patatas de la Limia se podía hacer una tortilla para dar de comer a toda África. Buscad su gesta en Google. Dejaros de ‘pokemones’. Y veréis lo que es sentir orgullo patrio. Gora España.