Y sucedió

Madrid, Berlín, París, Londres, Nueva York.... días antes de que el 2016 se despidiera casi todas las grandes capitales estaban en estado de alerta ante la posibilidad de un atentado terrorista o de alguna acción parecida a la del año pasado en Colonia y otras ciudades alemanas donde varias mujeres fueron atacadas y violentadas por algunos tipos que había llegado como refugiados.
Así que las policías de medio mundo estaban en situación de alerta sin saber donde se podía producir el golpe. Y lo que se temía sucedió en Estambul. Un local frecuentado por extranjeros y por las elites más modernas de la sociedad turca fue atacado por un desconocido que dejó un reguero de sangre, heridos y muertos. Una tragedia sin paliativos que se une a la veintena de atentados que ha sufrido Turquía durante el 2016 y que ha sido reivindicado por el ISIS.
Turquía vive tiempos convulsos bajo la batuta del islamista partido de la Justicia al frente del cual está Recep Tayyip Erdogan. Por eso resulta una paradoja que un país que se está islamizando a marchas forzadas sea acusado por el ISIS, en el comunicado en que revindica el atentado, de ser el "protector de la cruz" y de permitir que en un local nocturno "los cristianos celebren su festivo apóstata".
Cuando años atrás Erdogan ganó las elecciones en Turquía los más ingenuos dijeron que el Partido de la Justicia y Desarrollo era el equivalente a la democracia cristiana europea. Sin embargo el tiempo ha demostrado que el verdadero plan de Erdogan era islamizar a la secularizada sociedad turca. Tanto es así que según publican diversos medios periodísticos, entre ellos El País, las autoridades religiosas de este país habían lanzado la prohibición de que se celebrara el Año Nuevo ya que no es parte del calendario religioso musulmán.
El Presidente Erdogan por una parte hace proclamas contra el ISIS, y por otra mira hacia otro lado cuando se trata de algunos grupos islamistas que combaten para derrocar el régimen sirio.
A eso hay que añadir su actitud provocadora respecto a Occidente negándose a cumplir los mínimos exigibles en lo que se refiere al respeto a los derechos humanos y amenazando a la UE cada vez que quiere conseguir algo.
La Unión Europea por su parte le paga generosamente para que contenga a los refugiados sirios que huyen de la guerra y él contiene o permite el flujo de emigrados según su conveniencia.
Lo cierto es que Turquía se ha convertido en un país inestable donde la política de Erdogan se aleja de los cánones de la democracia occidental y por otra parte el país sufre también los envites del terrorismo.
El 2017 no ha podido empezar peor. Lo que se temía que pudiera suceder ha sucedido.