Sin escándalo

La verdad es que no comprendo que se pueda cuestionar la vestimenta de la secretaria de Estado de Comercio, María Luisa Poncela, durante su visita a RIAD formando parte de la delegación oficial que acompañaba al Rey.
Al parecer a las autoridades saudíes les incomodó que Poncela no se cubriera ni siquiera la cabeza y que la falda apenas la cubriera las rodillas.
En mi opinión de lo que hay que escandalizarse es de la actitud de los que se escandalizan.
Creo que las mujeres no podemos dar ni un paso atrás en lo que se refiere a nuestras libertades tan duramente conquistadas y entre esas libertades está el de vestirnos sin tener que ocultar nuestro cuerpo como si este fuera un ente pecaminoso.
En los países de religión musulmana a las mujeres se las conmina a vestirse de determinada manera, es decir a ocultar sus cuerpos y su cabello e incluso el rostro. Hay mujeres que alegan que lo hacen porque quieren pero en realidad lo hacen como fruto de unas costumbres atávicas, de la educación recibida e incluso para sentirse a salvo de las miradas masculinas que a lo que parece en esas partes del mundo son un tanto enfermizas cuando se trata de las mujeres.
Pero a lo que vamos, no es la primera vez que una política europea se niega a hacer concesiones en lo que respecta al vestuario en sus visitas a Arabia Saudita o a otros países de la zona. Incluso la mismísima Michelle Obama fue ninguneada por los saudíes cuando acompañó a su marido en visita oficial y se negó a cubrirse el cabello.
Hay concesiones que no se pueden ni se deben hacer. Una cosa es vestirse de determinada manera para visitar lugares religiosos y otra tener que envolverse en telas para una visita política.
Vistas las fotografías oficiales hay que convenir que la señora Poncela vestía adecuadamente y que a nadie, que no tenga una mirada enfermiza y misógina, le puede escandalizar su vestimenta.
Lo que a mi me escandaliza es que haya políticas o esposas de dirigentes occidentales que se disfrazan en esas visitas oficiales.
De la misma manera que en Occidente se respeta la manera de vestir de cada cual el respeto debe de ser mutuo. Si viniera una mujer ministra en una delegación saudí (algo imposible porque no hay ninguna) a nadie se le ocurriría exigirla que se ponga minifalda porque aquí no se usa eso de taparse hasta la mirada. Por tanto hay que exigir reciprocidad. Pero sobre todo insisto en que las mujeres en esta parte del mundo disponemos de una libertad que nadie nos ha regalado y por tanto no debemos de dar ni un solo paso atrás. Pues eso.