Ruina gloriosa

Cuando Vigo era una villa ya existía el Casco Vello, que entonces no se denominaba así porque era todo lo que había, dentro de las murallas construidas a mediados del siglo XVII. El resto, cultivos, y parroquias lejanas que formaban parte de otros ayuntamientos, como Fragoso, desaparecido hace siglos para fundirse con el vigués, ya entonces en expansión. Luego, en los últimos cien años, llegarían las uniones con Bouzas y Lavadores, ambas no sin controversia pero exitosas. Aunque provocaron un grave problema, al incrementarse el término municipal de apenas unos kilómetros cuadrados a los 110 actuales, es una ventaja a todas luces porque permite espacio para parques empresariales (Balaídos o el Tecnológico), para un gran puerto, para dos campus universitarios, para construir el mayor hospital de España y para que además haya una veintena de playas, todo en el mismo municipio. Cierto que exige mayor esfuerzo y el urbanismo resulta una misión casi imposible (he ahí el fracaso de los sucesivos planes generales), pero a cambio Vigo tiene por donde crecer.
Mientras todo esto pasaba, el centro iba quedándose atrás, fenómeno bastante corriente en las mayores ciudades y que los urbanistas han descrito con precisión: el abandono acaba por vaciar el cogollo urbano, que  cada vez se queda con menos  habitantes y los que aguantan disponen a menudo de rentas más bajas y así llegó la ruina, quizá gloriosa en el Casco Vello vigués, pero ruina. Continuará...