Playa, piedra

En París bajo los adoquines se encontraba la playa; en Vigo, a varios metros por debajo de la superficie actual, restos de la originaria ciudad romana fundada sobre y en torno al puerto y el poblado castreño: ya está confirmado que era el segundo mayor de Galicia, sólo tras la citania de Santa Tecla. Vigo es una caja de sorpresas por el enorme vacío entre el siglo IV, época en la que están datados los yacimientos más importantes de la época tardo imperial, y la Edad Media, y desde aquí a la Edad Moderna, cuando la entonces villa comenzó a tener un papel en la historia. Los vigueses del siglo XX, cuando la ciudad creció tanto y tan rápido que nadie era natural, salvo los vecinos de las parroquias que "iban" a Vigo, se creía que la Muy Leal era un invento reciente. O como mucho de principios del siglo XIX, cuando la Reconquista, que en efecto es el momento en que se dio carta de naturaleza a la Ciudad Leal y Valerosa en el único gesto decente del reinado de Fernando VII. Pero no era así. Desde los años cincuenta, con la aparición de las estelas funerarias de la calle Príncipe, y la urbanización de Rosalía de Castro y el entorno de Areal han ido surgiendo una tras otra piezas que no encajan en una aldea, un "vicus"y sí en una población de cierta relevancia y con una producción pre-industrial en torno a la sal desconocida en toda la costa atlántica. En Vigo hay más restos romanos que en toda Galicia, salvo Lugo, y se han localizados depósitos de salazones, un puerto, restos de una vía y la mayor villa de todo el Noroeste. Así que hay que descartar la aldea y pensar en otra cosa, lo que significa reescribir la historia desde el mismo nombre. Nada de Vicus, sino más bien Vico y Burbida.