Mos, casi Vigo

En Mos hay absoluta convicción, unánime, de que la solución a la autovía que sufren y sufrimos es mucho más sencilla, rápida y barata que la anunciada por el presidente del Gobierno hace unos días. Lo repitió de nuevo ayer su alcaldesa, Nidia Arévalo, y ratificaron a continuación los portavoces municipales de la oposición: en lugar de gastar 337 millones de euros en terminar la A-52 desde Porriño hasta Vigo, sería mejor rescatar la AP-9 desde Puxeiros, hoy una autopista con un buen trazado pero sin apenas tráfico. Haría falta mejorar el enlace de entrada y construir una conexión más adecuada con la entrada a Vigo pero sería una actuación menos cara, evitaría realizar nuevas afecciones a Mos y permitiría utilizar un vial ya construido pero de ínfimo uso. Que será aún menor cuando se construya la A-52 Vigo-Porriño con un túnel y con características de autopista pero sin peaje. 
Así se ve en Mos, donde se temen en el futuro más vías que atraviesen y destruyan el municipio y sus parroquias, quizá si algún día se construye la A-57 desde Pontevedra y la salida sur de la alta velocidad hasta Portugal. No les faltan razones aunque es improbable que el Gobierno rescate la AP-9, ni siquiera uno de sus tramos, por el precedente que sentaría y por el gasto que exigiría recuperar el resto de la autopista, en especial desde Vigo a Pontevedra, muy rentable para Audasa.
Mos es un municipio singular, con una población importante, 15.000 habitantes, y varios polígonos empresariales de carácter metropolitano. Pero una orografía infernal y la falta de un centro urbano reconocible condenan su expansión. Al contrario que Porriño, Gondomar o Redondela, que rodean Mos, el ayuntamiento que preside hoy Arévalo está permanentemente amenazado. En el pasado incluso se llegó a plantear desde el gobierno su desaparición, repartiendo el término municipal entre Vigo, Redondela y Porriño. La idea-tabú, aunque improbable, sigue ahí. Continuará...