La industria y la renta

La industria y la renta

Vuelvo sobre el interesante trabajo realizado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y Eurostat, con datos fiables y objetivos sobre lo que somos. Lo positivo, destacado por este diario, es el peso industrial de Vigo y su fuerza demográfica como ciudad, la número 14 de España pese a haber perdido empadronados, y sobre todo como área urbana funcional, que no es sino la extensión natural de su área metropolitana por todo el sur de la provincia e incluso hasta Ourense, colocándose en el puesto 12 nacional. 
Pero no hay duda de que el dato más significativo es la potencia industrial de Vigo tanto como municipio como en su condición de cabeza visible de un amplio territorio que lidera, ocupando la quinta posición total por el porcentaje de personas que trabajan en dicho sector. Sólo el polo asturiano de Gijón-Avilés está por encima, y por escaso margen. 
Claro que el  “músculo industrial”, como le gusta llamar al periódico de enfrente, tiene como reverso un bajo porcentaje de trabajadores en el sector servicios y quizá como consecuencia una renta media por hogar muy inferior a otras ciudades bien próximas. El informe del INE señala de forma taxativa que A Coruña y Santiago están muy por encima en cuanto a la capacidad económica de sus respectivos ciudadanos y la brecha parece haberse incrementarse como la falla de San Andrés. 
Lo confirma también el Consorcio Zona Franca en su informe Ardán anual, que constata que desde finales del siglo pasado el área urbana de A Coruña se distancia cada vez más de Vigo en cuanto a producto interior, que después de todo es la base para la renta disponible. 
Por tanto, la buena noticia es que Vigo y su área –que conforman un todo- mantiene su hegemonía demográfica e industrial, aunque no sin dificultades, y la mala que no parece haber creado nuevos mecanismos para incrementar la renta de los vigueses, que después de todo es de lo que se trata. 
¿Estamos mal? No del todo y hay síntomas de recuperación (en el naval) y nubarrones en el horizonte próximo (en la automoción, donde cualquier inestabilidad repercute de inmediato en el mercado). Y desde luego aún muy lejos de alcanzar la Arcadia feliz apuntada desde la atalaya municipal.