Un mundo loco

Por más que intento traer a estas páginas temas alegres y que relajen a los lectores parece que la realidad actual marca otras líneas bien distintas y por veces escabrosas. Los secuestros y demás desgracias, incluidas la violencia de todo tipo y las catástrofes, parece que se han ubicado en este planeta para nunca más huir de él. ¡Gran desgracia! A los tristes acontecimientos naturales, como los terremotos, el volcán de Hawai, accidentes aéreos o las masacres que se producen ya en número considerable en colegios americanos, se unen accidentes algunos de ellos muy sospechosos. Cae un avión en Rusia y a la semana siguiente otro en Irán. Mueren decenas de personas en diversos lugares fruto de la violencia y las interminables guerras y ahora Nicaragua…
Todos tenemos muy presentes los casos de violencia en escuelas y lugares americanos, como si la sociedad del progreso fuese generadora de estas situaciones. Para mi tengo claro que el materialismo, bienestar económico social y la sociedad del consumo nunca llenan el corazón humano, que siempre tiene ansias de infinitud. En la sociedad y en sus gobiernos está el gran deber de controlar todos los medios de violencia porque la libertad nunca debiera abrir el camino para que cada uno pudiese utilizar a su antojo medios destructivos. Educados para la paz y nunca preparados para la guerra. 
Sigo pensando en lo nefasto que es aquel principio que afirmaba que “si quieres la paz prepara la guerra”. Ya vemos a donde lleva ese aforismo. Como nefasta es la carrera armamentista y el negocio que suponen las fábricas de armas. ¡Siguen existiendo y reportando grandes beneficios a diversos estados! Esto es muy triste y tristísimo sería que dejásemos a la siguiente generación esos terribles medios de destrucción en los que se entrenan, como vemos, hoy en día los diversos pueblos ejercitando aquello de “yo más”. ¿Cuándo acabará esta espiral de violencia?
Esta es la sociedad en la que estamos malviviendo. Y las muestras son muy claras. Jóvenes que con armas en las manos entran en cualquier lugar y siembran el pánico y la sangre un día y otro. En EEUU ya van varios casos, mientras a esos jóvenes se les sigue ofreciendo la oportunidad de empuñar los terribles armamentos sembradores de sangre. Sin salvarse ni colegios ni hospitales. Después velas, flores, lágrimas y lamentaciones que de nada sirven porque las lágrimas se secan, las flores se pudren y las velas se apagan y para al día siguiente todo igual. Se seguirán vendiendo armas y los jóvenes las almacenarán e incluso utilizarán…
Estos son los frutos de una sociedad sin valores, unos estados sin líderes y comunidades agostadas y sin el arrojo suficiente para abrir caminos nuevos. Es el petróleo, es la carrera armamentista, es el afán de mando y gobierno por todas partes. En suma, el lucro y medro personal que mueve al mundo por todas partes inmerso en corrupciones sin cuento y en desatinos constantes. 
Me dirá el lector que he cargado estas líneas de tópicos con ideas manidas e incluso reiterativo. Tiene razón, pero es lo que se cuece en este planeta tantas veces en manos de desaprensivos a los que nada les importa más que el poder. Echemos un vistazo bien cerca en nuestro país y observaremos que las desavenencias políticas brotan de un caldo de cultivo de intereses personales, partidistas y, en definitiva, económicos. Habrá muchos procesos en causa, que los hay, pero las nóminas de los sujetos del banquillo siguen subiendo en una paradoja inexplicable.
Perdonen si les he molestado, pero en realidad es mi visión de este mundo actual llamado de progreso cuando en realidad lo es de enfrentamientos y guerras.