Un botarate sin corazón

Un botarate sin corazón

Es el calificativo más suave que he encontrado para hablar de ese señor que ha llegado a ministro de Interior de la noble e histórica nación que es la célebre bota italiana. Que en pleno siglo XXI el tal “signore Salvini” se atreva a hacer declaraciones y a tomar decisiones tan faltas de humanidad y con la más ínfima educación supone sonrojo para todo el continente europeo. Porque actitudes como las de ese impresentable ministro están convirtiendo al mar Mediterráneo en un verdadero cementerio de adultos y niños. Muy triste la situación de quienes huyen despavoridos de la guerra, la miseria y el hambre. Produce tremenda pena observar tantas pateras y barcos con seres humanos hacinados. Es la humanidad la que está en juego y es muy de alabar las actitudes de cuantos están dispuestos a acogerles y darles cobijo, un mendrugo de pan y un vaso de agua. Primero el Gobierno, pero también la callada labor que está adoptando el cardenal de Valencia Cañizares y diversas ONG. Menos mal que aún queda corazón en algunas partes.
Dicho lo anterior, el problema debiera ser enfocado desde otra óptica a nivel internacional, desde la ONU hasta los demás países hoy inmersos en la globalización. Se está vaciando África sobre todo con destino a Europa, que también posee otros problemas urgentes. Y es aquí donde debiera incidir la comunidad internacional. Tratar urgentemente de resolver el problema de tantos inmigrantes de una manera definitiva y esto supone prestar la ayuda necesaria a los países de origen para que tantas personas que los abandonan puedan permanecer en sus lugares. Resolver las situaciones caóticas de tantas naciones envueltas en interminables conflictos y que provocan estas lamentables y sangrantes situaciones.
Porque cuantos se rasgan ahora las vestiduras por tantas catástrofes había que preguntarles el porqué de sus silencios mirando para otro lado y permitiendo tanto éxodo. Ni el petróleo ni nada puede obnubilar la cruda realidad actual. Esa Europa fuerte por la que claman los lideres europeos raya la hipocresía cuando sus silencios están siendo cómplices de la situación. Países pobres algunos, pero ricos en recursos naturales que debieran contribuir a resolver la situación adecuada que es normalizar, democratizar y crear una vida digna allí para todos. Ese, creo yo, tiene que ser el camino para la solución del problema. La generosa acogida, la disponibilidad y el corazón está muy bien, pero podemos reducirlo a sensiblería inútil a la larga. Cuando en serio los estadistas se dejen de palabras y actúen en este sentido comenzaremos a ver el Mediterráneo sin pateras y a familias gozando de sus lugares de nacimiento, que en suma es lo que anhela todo ser humano. Y también desaparecerán las mafias manipuladoras de los migrantes.
Por otra parte, se librarían tantos países de exhaustivos controles porque, y también es un peligro, nadie garantiza que en medio de tantos inocentes nunca se “cuelen” elementos que vienen aquí a distorsionar las situaciones nacionales. Se ha visto, por ejemplo, como se han infiltrado terroristas en medio de personas normales. Y es muy grave porque sufren, los inocentes, el malestar creado por una pequeña parte de camuflados con oscuros fines que después sufren los países de acogida.
Es toda una política nueva de suma urgencia, la que debieran afrontar sin demora que sin duda acallarían a desalmados sin los mínimos sentimientos humanitarios como el italiano ese de marras capaz de insultar sobre todo a España y Francia con incalificables adjetivos fuera de lugar en la forma, en el tono y en el correcto contenido