¿Sociedad sin corazón?

¿Sociedad sin corazón?

Permítanme que me desahogue de un golpe fuerte que he acabado de sufrir al contemplar una situación para mí inconcebible. Se trata de un matrimonio anciano. Ella con demencia y alzhéimer que le impide incluso mantener su higiene personal. No se lava, el olor es inmenso, y ni sábanas tiene en la cama. Duerme en el colchón. A él, un empresario sin ningún problema económico, le acaba de dar un ictus que le mantiene ingresado. Tienen dos hijas. Una en otra ciudad y la otra trabajando en la boyante empresa del padre.
Ante esta situación y viviendo sola la buena señora, nos acercamos a la hija para que tomase cuenta de su madre, la cuide, haga la comida o le ponga una empleada. Pero sobre todo que la hija viva más con la madre. La respuesta es lo más inhumano que he oído en mi vida. “Sí, pero ¿quién cuida de mis tres perritas?”. Como lo oyen. A la buena señora que tiene también una hija y ahora una nieta pequeña, le importan más sus tres caniches que acompañar a su buena madre en precaria situación. Triste que ni se preocupe de buscarle al menos una señora para cuidar a su madre. Dinero tienen para ello. Pero… son más importantes sus perros.
Ante hechos de esta índole uno se pregunta si esta es la tónica de una sociedad verdaderamente humana, una convivencia auténticamente responsable. ¿Hemos perdido el corazón, los sentimientos, el verdadero amor, el cariño y muchas cosas más que debieran y deben caracterizar a los seres humanos? Los mismos animales irracionales son capaces de tener otro instinto muy superior al de algunos que se dicen personas. Todo es fruto de un materialismo asfixiante, de un hedonismo que lo invade todo y, en definitiva, de la cultura del tener frente a la del ser. En ella se han creado necesidades inútiles olvidando la escala de valores fundamental. Se aprecia lo que produce placer personal, acomodo o redunda en el aumento de nuestras cuentas bancarias. Lo demás apenas importa para algunos seres que de humanos, permítanme que les diga, para mí, tienen muy poco o nada.
El dinero que se gasta en mantener a los animales, sea el perro, el gato o el pájaro, es cuantioso cuando, en el mientras tanto, se nos mueren de asco y en soledad seres que debieran ser queridos y tratados de otra forma. Lo pide el corazón, lo exige la lógica y lo demandan los verdaderos y nobles sentimientos.
De aquella casa salimos sin palabras al ver la situación y el terrible olor, pero mucho peor al contemplar la actitud de una hija que, por supuesto, le debe todo a sus padres de los que va a heredar un cuantioso patrimonio y que en él trabaja la susodicha porque su padre allí la colocó ganando y bien cada mes. Claro, para mantener a sus perros que para ella es lo fundamental en esta vida.
Muy triste esta realidad. Sangrante realidad que humedece los ojos a las personas con sentimientos y corazón. Así lo he visto y así se lo cuento. Ustedes sabrán concluir.