Sentencias paralelas

Sentencias paralelas

Tengo mis serias dudas si el protagonismo que está teniendo la justicia es bueno o malo. Me inclino más bien porque la judicatura está trabajando en este país a destajo y de ahí su protagonismo. Ha pasado, creo yo, el momento de los “jueces estrellas” y en la actualidad los palacios de justicia, las audiencias españolas, son lugares de trabajo serios. Vamos, que se están ganando justamente sus emolumentos. Nadie podrá decir lo contrario. 
Un trabajo difícil porque aquí en esta nación parece que todo el mundo sabe de todo y los medios de comunicación parecen ávidos de noticias y ansiosos por los escándalos y todo aquello que signifique sensacionalismo. Y aquí radica, a mi modo de ver, un ingrediente más de la dificultad de los jueces. Se encuentran con opiniones y artículos de personajes que debieran acreditar sus conocimientos del Derecho y las Leyes pero, eso sí, se creen en el deber de poner su “pica en Flandes” y juzgar simplemente por apariencias.
Por otra parte, y dentro de este sensacionalismo reinante y muchas veces sin ninguna base científica ponderada, obligan a la judicatura, a los tribunales, a ser cada día más ciegos y sordos porque, si oyen lo que se dice en la calle les será difícil impartir justicia. Porque, además, por mucho que se quiera disfrazar el tema, ante la justicia nunca son todos iguales, por mucho que lo intenten. Somos humanos y, para bien o para mal, bien creo que es distinto juzgar a un pobre que a un rico; a un noble que a un plebeyo. Es así la vida, como digo, para bien o para mal. En esta sociedad parece que algunos gozan viendo caer al noble, al rico o a la persona con notoria relevancia. ¿Usan los mismos parámetros para todos algunos de los que critican “ante premisa merita”? Tengo mis dudas.
Por eso existen casos en los que las sentencias de la calle son muy anteriores a las de los tribunales. Se olvida la presunción de inocencia o se prescinde de ella mucho antes de que se juzgue con criterios judiciales serios. Surgen así las sentencias paralelas que, en algunos casos, debieran ser perseguidas por los mismos tribunales. ¿Cómo es posible que se permitan ciertas aseveraciones cuando los jueces aún están deliberando? ¿Cómo se consienten, toleran y se publican? Algo que debiera estar perseguido y debidamente penado. Por muchas razones pero la fundamental es porque con estos criterios publicados lo que se consigue es entorpecer a la verdadera justicia o al menos perturbar su serenidad a la hora de emitir su juicio que siempre debe ser respetado.
Es aquello de Juvenal: “Quis custodiet ipsos custodes?” (¿quién guardará a los guardianes?, ¿quién vigilará a los propios vigilantes?, ¿cómo controlar a los que controlan?) El problema ya viene de Platón en “La república” hablando de moral y ética. Y ya su alumno Sócrates afirmaba que la clase guardiana –en este caso los jueces- está para proteger. En definitiva, la doctrina socrática afirma: ¿quién nos protegerá de los protectores?. 
Viene bien esto porque opino que la protección de los jueces hoy en día debe ser máxima para que puedan tranquila y relajadamente ejercer su criterio sin ningún tipo de condicionantes ni presiones externas. Todo aquello que entorpezca su noble misión debiera ser penado por bien de ellos mismos, de los reos e incluso de la sociedad que puede observar que el trabajo judicial es totalmente ajeno a presiones mediáticas. Solo así podrían desaparecer las perniciosas sentencias paralelas. 
La célebre “Quinta columna” de Ansón, debiera ejercer su importante misión de informar, orientar y deleitar sin manipular ni mucho menos juzgar con un protagonismo fuera de lugar.