¿Qué falta por llegar?

¿Qué falta por llegar?

Qué verano! Ha habido de todo y el crecimiento económico así como la salida de la famosa “crisis” se ha visto oscurecida lamentablemente por una serie de hechos que han entristecido a la península ibérica. La guinda las criminales e increíbles tragedias de Cataluña. ¿Qué falta por llegar? Del problema yihadista está todo escrito y la solución, por lo que se colige, se sigue reduciendo a lamentaciones, silenciosos minutos, aplausos finales, concentraciones y poco más. Una plaga que llegó a Niza, Londres, Bruselas, Berlín, París, Londres… Todo muy triste y siempre viene a mi memoria en estos casos que continúan, la batalla de Poitiers y las actuaciones contundentes de Carlos Martel de la que ya hemos escrito aquí. Aquella confrontación (19-10-732) en que las fuerzas del francés Carlos Martel derrotaron al ejército islámico de Al Gafiki, que resultó muerto, frenó la expansión islámica hacia el norte impidiendo la invasión de Europa por parte de los musulmanes que pretendían su expansión, iniciada tras la muerte de Mahoma. 
Hoy en día algo parecido resultaría injusto, ya que hay muchos seguidores de Alá que llegan y se insertan en la cultura europea. Estos yihadistas les están haciendo un incalculable daño. Pero el problema ha llegado a tales extremos que algo tendrá que hacer Europa ante el reiterado acoso que estamos sufriendo en todo el continente. Seguir en esta zozobra que pretende destruir la democracia y una secular cultura resulta insufrible. Como ha dicho el rey Felipe VI, son verdaderos asesinos.
Y a estas masacres se suma la plaga de los incendios incesantes que están asolando la península. El caso de Portugal es una verdadera catástrofe. Se ha quemado la inmensa mayoría del verde del país luso que, según la canción célebre, da parte del color de su bandera. E incluso ha habido un pequeño terremoto que ha dado un gran susto, al que se ha unido la caída asesina de un árbol en Madeira.
“Oporto riega en vino rojo sus laderas,/ de flores rojas va cubierto el litoral,/ verde es el Tajo, verdes son sus dos riberas,/ los dos colores de la enseña nacional./ ¿Por qué tu tierra toda es un encanto?/ ¿Por qué, por qué, se maravilla quién te ve?/ ¡Ay Portugal! ¿Por qué te quiero tanto?/ ¿Por qué, por qué te envidian todos? ¡Ay! ¿por qué?”. Pues ese encanto, que es muy cierto, se ha visto empañado este verano en el que tampoco la economía despunta como sería de desear. El presidente Marcelo, el omnipresente profesor, ha tenido que cortar sus vacaciones en el Algarve para estar como siempre al lado de su pueblo sufriendo con el dolor de tantos portugueses del continente y de las islas. Se le ha visto en medio de los problemas siempre, aunque para ello su inseparable y encantadora Rita Amaral Cabral tenga que verlo prácticamente solo en la televisión.
Corre por Portugal una graciosa anécdota que les cuento para poner una pizca de humor. Se dice que Centeno, ministro de Finanzas, va a firmar un decreto que obligue a pagar un euro por cada beso que Marcelo da en todas partes a niños, jóvenes y ancianos. Así se resolverá -dice la anécdota- la economía portuguesa, que falta le hace.
Lo dicho, un verano para olvidar en el que ha habido más lágrimas que alegrías, más tragedias que paz, más calor que brisa y mucho más fuego que un deseado y reconfortante aire fresco a todos los niveles. Que vuelva la calma, la paz y el sosiego a un continente que vive últimamente en continuos sobresaltos por causas naturales pero también por las barbaridades de personas descerebradas. Sin duda eso nunca será algo que Dios acepte.