Mi perplejidad

En realidad, uno, con el paso de los años se va curando de espantos y ya nada sorprende. La perplejidad cada día es menor, pero sigue habiendo motivos para ella. El último, el pretendido cambio del escudo del Real Madrid y, sobre todo, los motivos de esa mutación que rompe con toda una historia del club blanco. Como todos sabemos, en la cima del mentado escudo, encima de la corona real, aparece una cruz pequeñita que ahora los patrocinadores del club “por exigencias de su fe” pretenden eliminar. Menos mal que, de momento, la sustitución por una media luna está por ver…
Para empezar me parece una claudicación de principios, un pisotear toda una tradición y un someterse a los dictados de la economía, que es lo que parece mueve mayoritariamente a los “cerebros” de tan señero club. Se hace lo que haga falta con tal de ganar dinero, que parece ser de lo que se trata. Vienen a mi mente varias reflexiones ante este hecho que podría ser baladí, pero que entraña una gravedad suma al contemplar los motivos que lo propician. 
Para comenzar me está dando la impresión de que se quieren cargar toda una cultura que, por mucho que se obnubilen, es cristiana en toda Europa y que está marcada por la cruz que desde hace más de dos mil años movió y sigue motivando a millones de seguidores. Y que olvidarlo, soslayarlo o eliminarlo es ir contra la historia que es patrimonio en todo Occidente. Por eso, este problema que en sí sería mínimo, adquiere una mayor relevancia como un componente más de una cultura que se quiere introducir al precio que fuere, incluso con sangre de por medio. Esta es la cruda realidad.
Curiosamente, como todos sabemos, si el problema fuese a la inversa, si fuésemos los occidentales los patrocinadores de cualquier evento en aquellos países y se nos ocurriese eliminar la media luna o introducir costumbres incluso gastronómicas, horarias o culturales, sin duda seríamos perseguidos. Pero aquí, de un tiempo a esta parte, amparados en lo que hemos dado en llamar “políticamente correcto” tragamos carros y carretas, callamos y aguantamos en una tolerancia que más que comprensión es caridad, sufriendo increíbles persecuciones y admitiendo de buen grado costumbres que nada tienen que ver con nuestra cultura occidental, europea.
Un triste panorama que se está introduciendo de manera sibilina pero que permite, consiente y aprueba modos, maneras y costumbres foráneas e incluso contrarias a las nuestras. En un ayuntamiento español en la escuela se elimina la religión católica y se introduce el Islam, en otro centro se prohíbe la carne de cerdo, en aquel evento se elimina el alcohol, y ahora en el escudo del Madrid se pretende eliminar la cruz que lo corona, signo tan preciado por millones de seguidores de aquí y de acullá. Así está nuestra sociedad y veremos a donde llegamos.