Los motochorros

Por casualidad, estimado lector, ¿sabe Vd. lo que es un “motochorro”? Desconocía esta palabra, lo confieso, hasta mi reciente visita a Argentina. Allí está de moda y de mucha actualidad sobre todo tras la actuación de unos motochorros que acabaron causando la muerte a un adolescente y todo el barrio se amotinó ante la sede policial para protestar por la falta de seguridad. Pues les aclaro que son los motochorros que tanto menudean en Sudamérica y sobre todo en las poblaciones argentinas. Se trata de delincuentes que hacen uso de una motocicleta para robar. La palabra es un neologismo usado sobre todo en Paraguay, Chile y Argentina. El vocablo proviene de la unión de dos palabras “moto” y “chorro” que en la zona es la utilizada para llamar a los amigos de lo ajeno, es decir, ladronzuelos. Existe el término desde 2007 en todos los medios de comunicación proviniendo de la jerga policial.
Trabajan de dos en dos en calles céntricas y mientras el conductor se aproxima a la víctima, el acompañante le roba la cartera fugándose inmediatamente. Y también en los bancos: dos circulan en la moto, y un tercer miembro actúa como “entregador”, que puede ser un empleado de una entidad bancaria o alguien disimulado entre los clientes. Seleccionada la víctima, el “entregador” avisa por teléfono o corriendo tras la persona avisando a sus compañeros. La víctima corre y es seguida por dos delincuentes en moto. Alejados unos metros del banco, el motociclista la ataca velozmente y el acompañante le quita la cartera donde lleva el dinero, fugándose inmediatamente.
Grave problema que sólo en Argentina aumentó un 118% entre 2008 y 2009, y está yendo a más la célebre “moda”. Siendo ya varios los casos que acaban en el cementerio. Es el problema de la seguridad ciudadana que padecen allá pero que igualmente está amenazando a nuestros pequeños pueblos y ciudades. Mafias organizadas y muchas veces extranjeros sin escrúpulos. Y todo ello está creando una psicosis tremenda, nos está restando la paz y nos impide vivir relajados, pasear tranquilos por nuestras calles o viajar y desplazarnos de un lugar a otro sin el temor a lo que pueda ocurrir y que muchas veces ocurre. Más de las que imaginamos.
Tristemente el mundo está viviendo en una inseguridad a todos los niveles. El robo, la corrupción, los secuestros se extienden por todas partes sin que vislumbremos un final feliz. “Quousque tandem abutere patientia nostra”, que diría Cicerón a Catilina. La paciencia ya toca a su fin y los nervios se desquician. Fue el caso del llorado párroco de Vilanova, aún sin resolver, pero lo son también los ataques que están sufriendo en nuestros pueblos familias y personas que lo único que desean es vivir en tranquilos. Es llegado el momento en el que el Gobierno eficazmente tome cuenta del tema de una manera seria. La seguridad ciudadana se construye desde los cimientos que son los momentos de tranquilidad de cada persona, cada familia y muchas veces personas ancianas.
Y en este sentido, aun cuando para algunos sea políticamente incorrecto decirlo, debe existir un exhaustivo control de los extranjeros que aquí llegan. Ya sean del Este o del Sur. Mucha acogida pero mayor control cada día. Llegan en busca de acomodo social lo cual humanitariamente es correcto. Pero somos humanos y ni siempre los que van a misa van para rezar… Mirar para otro lado en este tema es sumamente peligroso. Cierto que a lo mejor van a pagar justos por pecadores, pero a grandes males grandes remedios.