¿Líder de paz o de guerra?

¿Líder de paz o de guerra?

Si soy sincero y me permiten que les diga lo que pienso tengo que manifestar que, desde un primer momento, el hoy inquilino de la Casa Blanca me cae bastante mal. Dejémoslo en ese benévolo calificativo… Desde la elección del Sr. Trump las cosas han ido a peor y en ningún momento se le ha visto un gesto de lucha por arreglar este mundo, que parece como si fuese un juguete para él. Como si fuese un huerto suyo en el que puede hablar y actuar “a vontadinha”, como diría un portugués. Es decir, echando por la boca sus exabruptos y reiteradas ocurrencias y mostrando una agresividad increíble. Esta es la impresión que a mí me causa y corríjanme si yerro. 
Porque muchos creíamos que su elección era para ser instrumento de paz y diálogo y nunca para crear aún más divisiones tantas veces imprudentes. Es el célebre muro pero también lo del cambio climático y ahora lo de Jerusalén, a la espera de la siguiente. Porque debiéramos convencernos todos de que posturas dictatoriales de ordeno y mando están pasadas de moda. Como lo está el ir sembrando conflictos y creyéndose el rey del mambo. 
Si nos tomamos la molestia de ver el panorama, llegaríamos a la conclusión de que desde su llegada al poder los conflictos se incrementaron, las guerras son cada día más encarnizadas y la sangre fluye por las calles. Además esas divisiones de décadas cada día son más. ¿En qué está contribuyendo este buen señor para desterrar la violencia? Se cansó de decir que pretendía desterrar el terrorismo, acabar con él, y vemos que en su misma jurisdicción existen células terroristas activas. Y sus medidas ni surten efecto ni son aceptadas por la mayoría del mundo. Es la triste realidad. Sigue existiendo de manera incontrolada.
Pero personalmente, y sigo con mi idea, lo peor de este buen hombre es su imagen prepotente. El mundo ha cambiado y para nada necesita de redentores prepotentes. Cierto, según algunos amigos que viven en EEUU, que el problema de la sanidad y las medidas que tomó y toma, son muy discutibles y poseen una base de verdad. Pero, con todo, y a nivel interno, toma medidas de poco calado popular dando una prueba más de su categoría personal y política como gobernante.
El mundo actual globalizado necesita urgentemente lideres que, con su ejemplo edificante y su actitud personal conciten un consenso global en torno a la verdadera paz y el diálogo que hoy, por desgracia escasea. Y lo que es peor es que ha pasado de moda –eso creía yo- aquel célebre principio de “si quieres la paz prepara la guerra”. Tremenda frase que ha llevado a tristes situaciones. Y lo grave de toda esta situación es que detrás está la carrera armamentista y, sobre todo, los intereses del petróleo. En definitiva, el fruto más logrado de un feroz capitalismo carente de los más elementales valores humanos.
Y en todo este interminable jaleo, el rubio señor yankee da la impresión de que para nada le interesan esos valores que primarían el ser de la humanidad frente al desenfreno del tener que todo lo envuelve y maneja. Sembrar paz, concordia y entendimiento con un permanente diálogo es la virtud de los grandes líderes frente a los incendiarios desaprensivos que parecen gozar con su protagonismo encendiendo fuegos por todas partes. Y, ante ello, ¿quién puede parar tales desenfrenos? Me temo que nadie porque cuando se maneja hábilmente la democracia los votos son los que cuentan conseguidos con prestidigitadores que es lo que en realidad pretenden.