Inolvidable semana en Portugal

Inolvidable semana en Portugal

Sin lugar a duda, el pasado fin de semana ha sido y será inolvidable para el pueblo portugués. Necesitaba la sociedad portuguesa, en medio de tanta crisis, un momento como este y ha llegado. Desde diversos ángulos se puede ver todo lo acontecido en el país.
La visita del Papa ha marcado un hito en todo el sentir popular. Los cientos de miles que se confundían con miembros de 54 nacionalidades en la Cova de Iría es inenarrable. El Papa agradeció la hospitalidad portuguesa y razones tenía para ello. En todo momento se vio arropado por cientos de miles, sobre todo jóvenes, que le siguieron, escucharon y aplaudieron en medio de grandes sacrificios que suponían permanecer dos días a la intemperie. Eso sí, con alegría contagiosa y unos cantos y bailes en medio del recinto de Fátima que crearon un ambiente festivo único.
Fue la juventud pero también familias enteras y la clase dirigente de diversos signos politicos. El agnóstico primer ministro, Antonio Costa, lo justificaba de manera clara al reconocer que en una sociedad laica como la portuguesa, sus dirigentes deben ser sensibles a los sentimientos religiosos del pueblo. El país será laico, pero el pueblo mayoritariamente es católico. Y se pudo constatar ya sea en la Cova de Iría o en los diversos pueblos y ciudades que siguieron los actos del Papa Francisco desde los más diversos lugares. Ejemplo contundente lo dio el presidente de la República, el convencido católico practicante Marcelo Rebelo de Sousa, que acompañó al papa en todo momento con una felicidad y cariño entre ambos que se traslució a lo largo de toda la visita. Un testimonio que tal vez sorprenda fuera de las fronteras de Portugal pero que, para cuantos le conocemos bien, estuvo en la línea de su fe y de su cercano actuar. Recordemos que nada más tomar posesión de la presidencia de la República su primera visita fue al Vaticano, y a la vuelta hizo escala en Madrid para visitar al rey Felipe VI, con quien le une también una buena amistad.
 Han sido numerosos los momentos de la visita papal dignos de comentario. Personalmente me quedo con aquellos diez minutos en los que el papa Francisco, en silencio, permaneció al lado de la imagen de la Virgen. Impresionó el silencio absoluto en todo el recinto por parte de los cientos de miles de peregrinos. Se notaba la respiración. Aquellos jóvenes que momentos antes saltaban y cantaban guardaron un silencio sepulcral acompañando al papa en esos diez minutos.
Decíamos que fue un fin de semana inolvidable. El remate del sábado fueron dos eventos también para recordar. El primero, el Festival de Eurovisión. Todo un ejemplo y testimonio de sencillez y discreción. Un joven lisboeta, Salvador Sobral, con 27 años y muy enfermo a la espera de un trasplante de corazón, ayudado de su hermana Marisa, compuso la obra y fue la delicia para todos los espectadores y así lo reconocieron los jurados concediéndole el merecido primer premio. Una representación sin folclorismos deslumbrantes ni posturas “circenses”.
Corramos una cortina sobre la representación española. En Twitter se pueden encontrar jugosos comentarios sobre el célebre gallo que le salió al cantante. Tanto que se ha vuelto a revivir aquella “celebre” composición de Vicente Fernández sobre el gallo y el Polvorete… Mejor no menearlo. Saquen conclusiones los españoles cuando presentan al concurso piezas como esta, el “Chiquilicuatre” y otras. 
Y la segundo evento fue la victoria del Benfica. Hay bastantes benfinquistas en Portugal que rebosaban la noche del sábado ante la proclamación de su equipo como tetracampeón. ¡Que lo disfruten! Los del Sporting de Lisboa seguiremos sufriendo.