La ilusión

Prometíamos el pasado jueves hablar hoy de la ilusión necesaria porque estamos en el comienzo de un año y nunca debiera faltar la que supone una nueva etapa. Por muy mala que haya sido la anterior –que lo ha sido- nunca debiéramos perder el entusiasmo de mirar adelante, tratar de que el futuro sea mejor, la convivencia más pacífica y la humanidad más humana. El panorama, por sombrío que se presente, debiera enfrentarse con ilusión y acaso la utopía de creer que las cosas van a ir a mejor.
Estrenamos nuevos líderes mundiales tanto en EEUU como en la ONU. Para quienes conocemos al nuevo secretario general de las Naciones Unidas, el portugués Antonio Guterres, se nos acrecienta esa ilusión. Honrado, dialogante, humilde, sensible y cercano. Y todo ello hace concebir buenos augurios. Conoce como pocos la situación mundial y bien creemos que por su parte se va a poner todo en aras de la paz mundial que él, desde siempre, anhela y busca. A todo ello añade su inquebrantable fe cristiana a la que nunca ha renunciado y que presenta como paradigma de su gestión. Hartos rechazos le ha costado, por ello, precisamente de parte de mentes intransigentes incapaces de caminar con quienes piensan distinto y para quienes se puede ser cualquier cosa menos católico.
Nunca quisiéramos echar un jarro de agua fría a esa ilusión al contemplar al nuevo inquilino de la Casa Blanca tras unas elecciones mundialmente sorprendentes y discutibles. Las urnas le han colocado ahí y tendremos que echar mano al refrán para afirmar que “con estos bueyes hay que arar”. Esperemos que sepa leer el rechazo que suscita a nivel mundial y que, con los pies en el suelo, sea capaz de olvidar tantas afirmaciones incomprensibles y montarse en el carro de la paz y el diálogo. De él depende la marcha del mundo, como dijimos el pasado jueves.
Claro está que su antecesor en nada ha hecho gala de su tan discutido Nobel de la Paz. Benjamín Netanyahu dijo una frase muy dura cuando afirmó que el llamado Estado Islámico en definitiva ha contado o surgió gracias a la postura y políticas del tan incomprensible Barack Obama. Aplaudimos su llegada al despedir gozosos a Bush. Ahora comprobamos que la politica de éste sería mala, pero la de aquél en casi nada o en nada la mejoró. Siguen las guerras y más y continúa el terrorismo como una amenaza constante que mantiene en vilo al universo. Vivimos, tenemos que reconocerlo, en una guerra mundial diferente y más difícil. Porque ni la “Primavera árabe” sirvió de casi nada, ni la muerte de Saddam Hussein o Gadafi contribuyeron a esa anhelada paz. De muy poco o nada sirvió aquella ilusión. Acaso haya sido la siembra para romper aún más la paz internacional y dar cabida a populismos que han surgido por doquier sin control efectivo. Y la figura de Trump va en esa línea, el crecimiento de Le Pen lo mismo.
Y todo ello en todas las partes del mundo porque se ha creado la era de la corrupción y ojalá nunca conduzca a nuevas dictaduras de cualquier signo. En la mayoría de los continentes se ha extendido está lacra incontrolable. Lo de Venezuela es la más triste consecuencia, como lo es el ingobernable Brasil fruto todo ello de una colección de gobernantes a los que, por lo que se colige, poco interesa el pueblo y sí su medro personal a todos los niveles y que están lastrando la anhelada esperanza.
Este es el panorama internacional a grandes rasgos en este año que estamos comenzando. Y es por ello que nos gustaría apelar a la ilusión de que tendrá que cambiar la tónica para comenzar una nueva era de paz, diálogo y concordia. ¿Será posible? Hacemos votos para que así sea aún cuando nos tachen de utópicos.