Falta de memoria

Solía decirse siempre, cuando una cosa era difícil de explicar, que era “más difícil que el misterio de la Santa pero reconociendo que en su nacimiento la Carta Magna fue un acierto.s ideologo la traducci de lo contrario acabaremos todos eísima Trinidad”. Creo que la situación actual está en la misma línea con el pueblo encrespado, tensión por doquier e increíbles despropósitos, afirmaciones y las más dispares declaraciones y opiniones. ¡Increíble todo esto que veremos como acaba! Esperemos que bien para sosiego y paz de todos. Confiemos en que surja una mente preclara e imaginación para escribir un buen sainete o una zarzuela para divertimento de las generaciones futuras.

Con todo lo que esta sucediendo, y ahora con nuevo rumbo en EEUU, se podrían escribir miles de tomos. Muchos ya han utilizado sus ágiles plumas y otros su fácil labia para comentar toda la situación actual. Es mejor tomarla con una pizca de sal y pimienta y una gran dosis de buen humor porque de lo contrario acabaremos todos en un psiquiátrico.

Permítanme que con calma le dedique estas líneas a algo que me ha parecido un total y absoluto desatino. Han sido las palabras de cierta fémina, diputada ella, que se sienta cómodamente en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo. Me restregué los ojos porque me pareció una injusticia suma, un desconocimiento total de la historia y una inconcebible falta de respeto.

Atacaba Su Señoría a los artífices de la Transición poniendo nada menos que a Adolfo Suárez de vuelta y media tratándolo de fascista y otras lindezas. Si hubiese estado allí, con todo respeto le preguntaría si ella sabe y es consciente de que puede decir lo que dice gracias a Suárez y a los miembros de aquella etapa. Se ve que se lo explicaron mal en clase o la traducción al catalán fue errada. Lo dicho: ¡inconcebible!

Le recordaría que en aquella situación tan difícil un grupo de generosos españoles con visión de Estado y futuro fueron capaces de anteponer el bien de España a sus ideologías que, ciertamente, venían de la dictadura pero que supieron posponerla en bien de todos y así redactaron una Constitución en la que cupiéramos todos aunque, con el tiempo, necesite una puesta al día por las exigencias del momento, pero reconociendo que en su nacimiento la Carta Magna fue un acierto.

Por lo que se ve hoy sería casi imposible, un consenso tan generalizado como entonces. Los políticos actuales, en su inmensa mayoría, carecen del estilo de los de entonces y esto es claro. Fueron capaces de dialogar Carrillo, Fraga, Tierno y todos los demás incluidos Marcelino Camacho y aquella pléyade de personajes, sin olvidar a Blas Piñar que se sentó en el Congreso con la Pasionaria, y que recibieron a Tarradellas y aceptaron la vuelta de los exiliados. Y, déjenme que se lo diga a hurtadillas, que ninguno murió rico. Esto es un hecho. ¡Ninguno millonario!

Cómo fueron capaces de aunar en la UCD a elementos tan dispares. Cómo Fraga presentó a Santiago Carrillo marginando hechos pasados. Cómo la misma Iglesia siguiendo las enseñanzas del gran Papa hoy beato Pablo VI y su intérprete en España el Cardenal Tarancón incluso admitieron las leyes de Ordoñez incluido el divorcio cómo una muestra más de comprensión y siendo los templos católicos refugio de contestaciones sociales. Y nada digamos de lo acontecido en Vallecas y en el Pozo del Tío Raimundo con un compromiso claro de la Iglesia para con la nueva situación política y cómo aquel Sábado Santo únicamente el ministro de marina Pita da Veiga dio el portazo ante la legalización del Partido Comunista.

Una serie de hechos muy a tener en cuenta y que dicen mucho de aquellos hombres y mujeres y que, atacarlos, criticarlos y vituperarlos revela una gran cerrazón, un desconocimiento supino y una grave injusticia histórica.