El cáncer de los partidos

El cáncer de los partidos

Ya lo dice el refrán con una afirmación certera: “divide y vencerás”. O aquel otro dicho: “si quieres que una idea triunfe, encárgaselo a un inteligente; si quieres que fracase nombra una comisión”. 
Estoy muy convencido, sin que por ello me gusten las dictaduras que detesto, que la mejor manera de destruir un partido político, como cualquier institución, es creando divisiones o las llamadas “corrientes”. Se vienen abajo las más sólidas instituciones de cualquier tipo.
Centrándonos en la politica, cuando una formación está en el gobierno es relativamente fácil mantener la unión pero cuando se pasa a la oposición o las cosas van medianamente bien la cosa cambia. Lo estamos viendo en varios partidos últimamente. Pululan por doquier mentes que se creen privilegiadas y capaces de cambiar de rumbo del sistema. Y así se comprueba como la división pasa factura volatizándose votos que otrora apoyaban. Ese es el verdadero cáncer de la politica junto con la corrupción cuando se perpetuan en el poder.
Y este mal endémico estamos viendo como se instala en partidos de la izquierda o de la derecha. Es una enfermedad inherente, por lo que se colige, a la condición humana. Porque una cosa es saber adaptarse a las circunstancias cambiantes del momento y otra bien distinta es partir y deshacer formaciones basándose en afanes desmedidos de protagonismos pasajeros.
Por otra parte, un país necesita de partidos sólidos tanto en el gobierno como en la oposición, unicamente así puede progresar. Pero si observamos la mayoría de las discrepancias para esas divisiones observaremos que en la mayoría de los casos se trata de temas baladíes o, para ser más claros, en afán de protagonismo y elementos para “trepar” y subir. En suma “quítate tu que me pongo yo”. Así de claro y sencillo. Y después, lejos de remar al unísono, cuando se vislumbra que vienen mal dadas cada uno tira por su lado y así les va.
Este tema es de suma actualidad. Está ofreciendo, múltiples casos en la mayoría de los partidos politicos españoles. Incluso en el tema catalán y en numerosos lugares. Es un mal para cualquier país porque en la época en la que vivimos se necesitan verdaderos lideres capaces de mirar adelante y unirse en lo fundamental sin perderse en disquisiciones bizantinas. Este es el problema que los alemanes, después de muchas discusiones, supieron ceder y unirse en lo sustancial.
Porque al pueblo lo que le interesa es dejarse de rifirrafes y ser feliz sin crispaciones innecesarias. Que puedan llegar a fin de mes cómodamente, que la vida sea más fácil, los sueldos mas altos, las pensiones suban, la sanidad sea más eficaz, la justicia más recta y muchas cosas más. Lo otro, las discusiones internas que las resuelvan en su casa a la luz de un candil porque si hay mucha luz a lo mejor hasta se deslumbran. La medicina para este cáncer pasa por cirujanos capaces de cortar por lo sano y mandar a sus casas a ineptos e inoportunos desestabilizadores.
Existe, por último, otro problema motivo y causa de infinitas divisiones. Son los celos y el sentirse relegados algunos de puestos para los que ellos “se creían” imprescindibles. Cuando un partido prescinde de uno de sus miembros para un cargo importante, porque así lo juzgan oportuno los dirigentes, entonces, los eliminados de listas, sillones y coches oficiales, a veces la arman en serio y utilizan la técnica del ventilador para airear cosas que ellos sabían por el cargo que ostentaban. Esto es cruel y cuando menos injusto. Peligroso es, lo hemos dicho aquí muchas veces, el “sindicato de cabreados” de los partidos políticos. Saber irse tranquilos es de personas grandes.