¡Criminales asesinos!

¡Criminales asesinos!

Apunto de aterrizar en Peinador, un tremendo olor se introdujo en la aeronave que nos traía de Madrid después de nuestra estancia en Roma. Aquel olor nos colocaba en la realidad que, a distancia, estuvimos viviendo en la Ciudad Eterna. Los criminales incendios que, sin duda, han provocado unas mentes asesinas. Los incendios del noroeste de la península este año han sobrepasado los límites. A la misma hora en tantos lugares a la vez estratégicamente elegidos para nada pueden ser fruto de la casualidad. Son provocados y esto es un sumo delito contra la humanidad, contra la Creación, contra nuestra amada Galicia, contra todo. 
Porque este mundo ha quedado a medio hacer y corresponde a los habitantes del planeta una inestimable colaboración para perfeccionarlo a todos los niveles. Aquello de “dominad la tierra” en los albores de la Biblia, es una llamada urgente para todos los seres que la habitan. Lo comprendió muy bien Francisco de Asís y el papa actual, en su encíclica “Laudato si”, se hace eco de ese pensamiento. 
Como lo acaban de hacer los obispos gallegos en una nota sin desperdicio: “Ante la tragedia de los incendios forestales que, además de las pérdidas materiales, ha sacrificado vidas humanas y causado grandes sufrimientos a miles de personas, los obispos de la Iglesia en Galicia queremos manifestar a todos los que sufren nuestra solidaridad y solicitud fraterna”. Acuden los prelados gallegos a la doctrina pero de igual modo se basan especialmente en la moral: “Provocar un incendio es un gesto de grave inmoralidad, en el que la persona pone de manifiesto una actitud ante los hermanos y ante la naturaleza contraria al bien querido por Dios”.
Y recoge también la nota una cita importante de la encíclica papal: “La naturaleza suele entenderse como un sistema que se analiza, comprende y gestiona, pero la creación sólo puede ser entendida como un don que surge de la mano abierta del Padre de todos, como una realidad iluminada por el amor que nos convoca a una comunión universal. (Laudato si, 76)”.
Son gravísimas las muertes causadas. En Portugal en cuatro meses han muerto cien personas y ahora ¡por fin! dimite la ministra del ramo mientras el presidente Marcelo Rebelo de Sousa vive en la angustia vigilante frente a tanto despropósito. Son reiterados fallos a todos los niveles. Cuatro son de momento los fallecidos en Galicia. Todo un caos generalizado en ambos países.
Y me pregunto si esta organizada y criminal campaña estará movida por intenciones inconfesables como si pretendiesen desviar la atención de los ciudadanos para distraerlos de problemas también políticamente graves en otras partes de la península. Si así fuese, lo cual tiene visos de serlo, debe desenmascararse sin miramientos a formaciones políticas que a lo mejor están detrás de todo esto. Sería sumamente grave.
Para los que tenemos fe, bien sabemos que el mundo es de Dios y se lo alquila a los valientes. Necesitamos de dirigentes claros y valientes capaces de llegar al fondo de este problema que está desolando, destruyendo nuestro entorno, gran cantidad de casas y, lo que es sumamente peor, matando criminalmente a sus ocupantes. Personas, familias sin hogar, sin recursos que de la noche a la mañana se ven en la calle viendo como desaparece el fruto de sus ahorros, su medio de vida y sobre todo su paz que se transforma de la noche a la mañana en cenizas. Esto clara y sencillamente es un verdadero crimen provocado por gente sin escrúpulos, sin conciencia y sin sentimientos. En definitiva, sin humanidad. La unión de todos sería en esto, como dice la nota de los obispos gallegos, fundamental.