Y ahora turismofobia...

Y ahora turismofobia...

Ya me dirán si en esta vorágine de despropósitos e impensables ocurrencias queda algo por inventar. A retorcidas mentes humanas con genes de Dios sabe dónde se les ocurre la penúltima genialidad y propugnan la “turismofobia”, palabreja recién inventada y basada en una incomprensible reacción ante el turismo. Y para empezar me pregunto si son extraterrestres o de dónde vienen. ¿Qué amor le tienen estos individuos a su tierra, a la economía y al bienestar social de sus lugares de origen? Eso merece una tesis doctoral por lo menos. Desconocen estos señores la influencia múltiple que posee el turismo.
Hoy en día, y esto lo reconocen todas las personas sensatas, el turismo es una de las mejores fuentes de ingresos de los distintos pueblos, incluso en tiempo de crisis. Y esto en Cuba, España y todos los países. Es el motor que levanta y crea puestos de trabajo, sanea las economías y, por si algo más faltaba, da a conocer la riqueza de los países, la belleza de su arte, la hermosura de su clima contribuyendo, en este mundo globalizado, a conocernos mejor y a compartir culturas que es fundamental hoy y siempre. Es la hostelería, pero también en todo el entorno generando fuente de riqueza y en definitiva paz social.
Doy clases en un colegio en el que tenemos alumnos de 19 nacionalidades y eso les enriquece, les abre horizontes y les hace más universales a todos los niveles. Lo contrario sería crear una cultura pueblerina de quienes apenas conocen el “angazo” y los “estadullos” de sus rústicos carros. Algo bueno y también para compartir con quienes nos visitan y que a lo mejor hasta nos enseñan a conocer lo que es una tablet y a movernos en las nuevas tecnologías. ¿Quieren un ejemplo ya lejano? ¿Sabemos los ourensanos que quien introdujo el carro en América fue el beato Sebastián de Aparicio de A Gudiña? Desconocían entonces allá este medio de transporte.
En la economía española, sobre todo desde que Fraga fue ministro de Información y Turismo, se ha promocionado el turismo abriendo nuestras fronteras a millones de extranjeros que descubrieron nuestras riquezas y motivaron la creación de redes hoteleras, paradores de turismo y un sinfín de negocios que, al amparo de esa promoción y apertura, supusieron una impagable fuente de ingresos hasta el punto de que se crearon leyes para que la cosa fuese bien modernizando residencias hoteleras y tratando de evitar excesos equiparando calidad y precios.
Pues bien, ahora estos “turismofóbicos” parece que desconocen todo lo positivo del turismo y están creando una campaña para evitar que vengan los turistas, comenzando por el litoral Mediterráneo y ahora pretendiendo que su “ocurrencia” se instale en el norte. ¿Qué sería de las Baleares sin el turismo, de Santiago sin la llegada de tantos extranjeros y de nuestros incontables y hermosos rincones únicos? Además el dar a conocer el arte, la etnografía y en suma la cultura es un quehacer universal. Los que llegan se llevan cultura, gastronomía y estilos, y dejan grandes cantidades de dinero en los más variados establecimientos.
¿Lo saben y lo piensan estos “geniales” cerebros impulsores de campaña? Por algo, y con toda razón, ponen el grito en el cielo los empresarios y lo pondrían tantos empleados que incluso en verano obtienen un trabajo que les ayuda a vivir un poco mejor. Sin duda alguna si esa postura progresase aumentaría el paro, sería la ruina de muchos empresarios y se destruiría la paz social. ¿Lo sabe ese grupo de ocurrentes? Simplemente: ¡incalificable!