Los viejos, ciclistas y moteros

Los viejos, ciclistas y moteros

En marzo del año pasado, cuando ocurrió el trágico accidente en A Guardia donde un octogenario arrolló a un grupo de ciclistas en donde fallecieron dos personas y hubo varios heridos ya puse mi granito de arena sobre el tema. Desde entonces ha ocurrido más de otro siniestro del mismo tipo de accidente involucrando ciclistas y conductores geriátricos. 
Una vez más las causas ponen en evidencia no solo la vulnerabilidad de los amantes de este deporte pero a conductores que aunque tenga años incluso décadas de experiencia al volante padecen del mismo síndrome, ya son demasiado veteranos para no llamarlos viejos. Al fin y al cabo soy uno de ellos. Pero el tema de cómo atajar el problema es muy complejo. La mayor siniestralidad en las carreteras es causada por otro tipo de conductor, generalmente joven, sin experiencia, muchos sin papeles, en carreteras secundarias y después de una noche de juerga. No es crítica de los jóvenes conductores en general, es un simple caso de estadísticas. Pero volviendo al tema de los mayores es verdad que al sumar los años las facultades físicas además de posibles enfermedades crónicas influyen cuando uno se pone al volante de un posible misil de destrucción. 
Las condiciones son otro factor como por ejemplo la hora del día o de la noche, la meteorología, lluvia o sol, las circunstancias del tráfico, ciudad o carretera, ruta rutinaria o terreno desconocido. Todos puede influir en la conducta, perdonen la redundancia, del conductor/a. Puedo opinar con experiencia a mi avanzada edad ya que reconozco que no me siento en condiciones de coger el volante en algunos casos antes descripto. Pero veamos el otro lado del argumento. Los viejos/as no pueden ver u oír. Pero si para eso hay gafas y audífonos. ¡Descartado! Se despistan en acceder a una autopista en sentido contrario. No son los únicos. Muchos lo hacen a propósito para salvarse un recorrido. Los viejos sufrimos de falta de reflejos. Aquí entra en juego lo que puede ser quizás el más importante. Es natural que al envejecer todos los seres humanos pierden facultades mentales para actuar en una emergencia pero lejos están de no otorgar a un octogenario su carnet de conducir. 
Una de las pruebas en que hacen los centros psicotécnicos es precisamente el de jugar con un aparato estilo play station a ver como mueves un bicho en una carretera ficticia. Pero esta prueba no es suficiente. ¿Por qué? Porque los reflejos abruptos, ejemplo frenar ante un maniático que se te atraviesa en un semáforo, son los que más pueden padecer los mayores, son una de las causas más peligrosas que pueden causar un accidente, especialmente en la ciudad cuando hay mucho tráfico en las avenidas principales como es el caso de la Gran Vía de Vigo. Por otro lado, si todo el mundo cumpliera con la ley de no superar la velocidad máxima otro gallo cantaría. Luego está el tema de esta nota. Tanto ciclistas como moteros son un peligro para el anciano/a que sufra de falta de reflejos. ¡Cuántas veces uno conduce por la ciudad, respetando las normas, mirando al espejo retrovisor y en menos de un flish flash se encuentra con un par de motoristas, generalmente unos repartidores de piza o de mensajería, adelantando por ambos lados del coche! Ahora los ciclistas. Hay los educados y los chulos, en pelotón, en solitario, con o sin casco. Unos suelen cumplir las normas de seguridad mientras que otros andan a su aire. Hay de todo. ¿Pero si se les retira el carnet a los viejos quien les paga el transporte alternativo? ¡Esa es la cuestión!’