Otro aniversario

El martes de la próxima semana se cumplirá el segundo aniversario del referéndum en Gran Bretaña que lanzó el famoso Brexit, o sea la salida del país de la Unión Europea. Todo el proceso comenzó varios años antes por el partido de extrema derecha UKiP liderado por el parlamentario europeo Nigel Farage y su colega Boris Johnson, antiguo corresponsal del periódico ‘Daily Telegraph’ en Bruselas, ex alcalde de Londres y ahora Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno conservador de la Sra. May. Hicieron una campaña bastante agresiva pero muy limitada en contra de Europa basándose en dos puntos clave. Que el país no podía continuar con el libre movimiento de ciudadanos europeos que estaba causando una inmigración incontrolable y que al marcharse podrían ahorrar cientos de millones de libras para las arcas públicas, especialmente los de la seguridad social. ¿Qué ha pasado desde hace dos años? Dos cosas. Primero, que la rotura no iba a ser tan fácil como se había presentado al pueblo durante la campaña del referéndum y segundo, que lo de ahorrar el dinero era un cuento chino. 
En otras palabras, que al abrir la caja de pandora de la inmensa y complicada operación llegado el momento de firmar un finiquito resultó ser un verdadero laberinto de complicaciones, especialmente en la plétora de acuerdos de todo tipo, cada uno con un milleiro de pequeñas clausulas afectando a todo tipo de sectores de la vida cotidiana que tenían que ser solventado para poder decir al final del periodo de negociaciones: ‘¡Adiós, muy buenas!’ Al firmar oficialmente el divorcio basado en el famoso artículo 50 el 29 de marzo del 2017 comenzó la cuenta atrás hacia la fecha límite y ya estamos a menos de un año. Otra vez. ¿Y ahora, dónde estamos? ¡Que aún no han llegado a un acuerdo en casi nada de las clausulas importantes y tanto el gobierno británico como el equipo negociador de la Unión Europea siguen tirándose de los pelos por estar casi opuestos en cuanto a las demandas de ambos! Pero volvamos nuevamente al comienzo de este culebrón para poder entender porque los ingleses - los irlandeses del norte y los escoces estaban en contra - decidieron marcharse.  El jueves pasado en la cuatro de televisión hubo un reportaje bastante bueno entrevistando un gran número de ciudadanos incluido unos en el Peñón de Gibraltar y las razones que dieron eran bastante variopintos. 
Muchos estaban hartos de las imposiciones de las normas de Bruselas y querían recuperar su supuesta libertad soberanista, otros pensaban que sus vidas y negocias estaban amenazados por importaciones innecesarias y unos cuantos por el problema de la inmigración masiva de Europa. Hay un pequeño elemento de razón en el tema de la economía especialmente en la financiación. El Reino Unido, junto a otros países como Alemania y Francia han sido países contribuyentes a las arcas de Europa mientras otros como España eran receptores gracias a los programas de los fondos europeos. Hace años llovieron billones de francos, libras, marcos y otras monedas que ayudaron a los países más atrasados a ponerse al día económicamente y disfrutar de un bienestar equiparándose al futuro equivalente al resto de los europeos. 
Pero hubo mucho abuso con proyectos fantasmas e innecesarios por un lado y una falta de control, más bien de auditoria por parte de la Unión Europea. En otras palabras, una vez otorgado un supuesto monto de financiación la administración pasaba a manos del país receptor. Esto es una pequeña punta del iceberg en lo que significa el Brexit. Estén seguro que aún no ha llegado el tsunami final. ¡Abróchense los cinturones!