Música clásica

No creo que haya un país en el mundo civilizado y democrático que tuvo un cambio de gobierno semejante a un tsunami político como acaba de ocurrir hace solamente un par de meses en España. Salvo las guerras y los históricos golpes de estado convirtiéndose en dictaduras, para dar ejemplos, han sido tan estrepitosas. Y lo curioso es que fue totalmente legal de acuerdo a la Constitución. Una moción de censura, un acuerdo previo entre todos los partidos de la oposición y colorín colorado una nueva etapa acaba de comenzar. Pero lo más significante aun, no solo en el cambio de colores ideológicos por uno variopinto de izquierdas, sino el vuelco de un proyecto político que dará un giro de ciento ochenta grados, afectando al modus operandi de la mayoría de la ciudadanía cubriendo todos los sectores que componen el funcionamiento de un país. Estamos en época de verano y la clase política se va de vacaciones así que por ahora unas cuantas semanas de playa y sol y a esperar al otoño para ver qué pasa. Es como alterar la dirección de navegación de un buque de gran tonelaje que tarda unas cuantas millas antes de que se note el cambio, ¿Pero que estoy diciendo? ¡Claro que se ha notado un cambio radical! La emisora clásica de RNE por fin emite música clásica en vez de programas de charlas aburridas intercaladas con algunas partituras interrumpidas con disertaciones innecesarias sobre el contenido musical de la misma. Hace varios años que siempre tengo puesta esta emisora. Aunque este de relax en sesión de lectura incluido los periódicos repasando los horrores del día. Desde una muy temprana edad he sido amante de la música clásica. Recuerdo como niño la locura por las polonesas de Chopin y como mis padres no quisieron pagarme clases de piano. Ellos tenían un antiguo tocadiscos de 78 revoluciones y una pequeña colección de obras de los más conocidos compositores como Mozart y Beethoven, pero mi pasión siguió ya adolescente y gracias a los avances de la tecnología reproductora pude comenzar mi propia colección de discos de otros compositores como Debussy, Wagner, Schubert, Ravel, Bizet y Albeniz para dar ejemplos. Ya de mayor pude apreciar los distintos interpretes de todos los instrumentos individuales en las sonatas, los conciertos sinfónicos y los números de solistas. Personajes como Alicia De Larrocha, Leonard Berstain, Arturo Rubinstein, Andrés Segovia sin olvidarnos de nuestros maestros locales, Carlos Núñez y David Russell. Pero eso no quiere decir que no apreciaba la música popular. Comenzando con el jazz tradicional pasando al ‘rock and roll’, el mambo, el reggae, el flamenco incluido el cante jondo. Desde Al Jolson a Frank Sinatra, Los Beatles - no soy fan de los Rolling Stones - Elvis Presley, Bob Marley, Raphael y naturalmente el fantástico Julio Iglesias. Pero puse un ‘stop’ en los años 80 cuando apareció el increíble Michael Jackson y su famoso ‘Moonwalk’. Es cuando, por lo menos en mi opinión personal, cambio el panorama de la música y la lírica y se convirtió en un acto de vaudeville incluyendo fuegos artificiales. Los decibelios superaron la barrera del sonido. Desde entonces han florecido cientos de miles de grupos con una selección insaturable de nombres estrafalarios que inundan las ciudades del mundo con conciertos que atrae a masas de jóvenes y los no tan jóvenes. ¿Pero qué ha pasado con lo clásico? ¿A cambiado o sigue igual? Desde luego que no ha muerto, pero creo que poco a poco va en declive. Le pregunte a una joven el otro día si sabía quién era Enrique Granados. Ni idea. Seguía con el WhatsApp.