Ciudad ruidosa

Bueno; perdió el Celta pero con honra. Hizo muy buen papel frente a un monstruo. Veremos qué pasa el día 11. Seguimos. Según nos recuerda todos los días nuestro ilustre alcalde, vivimos en ‘unha cidade fermosa’. Sin embargo, el presidente de la Fundación del Colegio médico de Pontevedra, Don Dionisio Alonso dijo que Vigo se encuentra entre las poblaciones más ruidosas de España. Siguió con su argumento de que al superar los 30 decibelios de media y situarse entre 40 y 50 ya pasa de los límites normales sanos para una ciudad del tamaño de la Muy Leal. 
De acuerdo a los estudios variopintos sobre el tema las causas fundamentales son, en este orden, el tráfico rodado, actividades industriales, aéreos, o sea cerca de un aeropuerto y obras públicas. No sé hasta qué punto el estudio antes mencionado ha usado para las conclusiones pero es obvio que tres de ellos no deberían entrar en los cálculos porque son anómalos, o sea, el del ruido de aviones, que no hay, salvo los astilleros y Citroën tampoco influyen fábricas ruidosas y por último está el tema de obras públicas. Desde que comenzó el Plan E del anterior gobierno socialista, que se transformó casi en un 100% en las famosas humanizaciones, hace más de 10 años que Vigo ha estado patas arriba por todos lados y por el uso de toda la maquinaria incluido las sierras para el mármol que han dejado sordo a más de un ciudadano de la Muy Leal, es lógico que los ruidos han influido en el recuento de decibelios. ¡Pero no pasa nada! Gracias al superávit que negocia nuestro alcalde tendremos más millones para invertir durante varios meses sino años en otras zonas y tener que aguantar más ruidos de este sector del estudio.  
Suponemos que algún día cuando acabe toda la remodelación, la ciudad quedará de tal manera que, como dice el refrán, ‘no la va a reconocer ni la madre que la parió’. Famosa frase del entonces vice-Presidente de la nación, Don Alfonso Guerra sobre la España de 1982. ¿Pues entonces que es lo que queda? El tráfico rodado. Aquí sí que hay un buen nivel de ruido, por varias razones, que tiene solución si las autoridades correspondientes del control de tráfico tomaran cartas en el asunto. Personalmente no sé cómo funciona éste en otras ciudades tanto en España como el extranjero pero un solo detalle sobresale y es el de la velocidad. ¿Cuántas veces hemos presenciado tanto coches como motocicletas rodar a más de 100 kilómetros por hora? Solo en García Barbón, Pi y Margal y Gran Vía se puede observar este espectáculo digno de un circuito de carreras. 
Algunos son coches de varios años de la ITV, pequeños, pero especialmente preparados  para ir más rápido y conducidos generalmente por chavales. No me extraña nada que hayan atropellos a peatones diariamente incluidos en pasos de peatones. Pasemos a las motos. Los hay de gran cilindrada que al acelerar parecen querer volar y luego los de poca cilindrada pero con el escape libre. 
En todo caso hay que taparse los oídos cuando pasa algún chaval repartidor de pizza u otro pedido a domicilio. Me pregunto. ¿Algún día veremos a los agentes controlar todo este tráfico, perdonen la redundancia, descontrolado? Mucho despliegue cuando hay ocio pero para proteger a los indefensos ciudadanos del ruido y la seguridad, cero patatero. ¡Menos multas por pasar de la hora en las zonas de aparcamientos y más por incumplir con las reglas más elementales de la circulación! ¿Es mucho pedir? No creo.’