¿Adiós a vuelos "low cost"?

¿Adiós a vuelos "low cost"?

Desde hace décadas, y debido a una carrera profesional que me llevó a distintos rincones del mundo mis horas de vuelo eran incalculables. Viajé en primera, preferente y turista además de abordar cuanta aerolínea y modelo de avión existía durante esa época. Hasta hice un viaje de Washington a Tel Aviv en El Al, la aerolínea israelí. Era el único cristiano en la lista de pasajeros. Hace años y ya jubilado llegó el retiro y la tranquilidad. Mis viajes se transformaron en esporádicos y por vacaciones. Como diría un geriátrico sobre un chupito de orujo, ‘de vez en cuando, doctor.’ Por fin probé los subvencionados de ‘low cost’ incluido Ryanair. Con este último solo viajé dos veces y juré que ‘¡Nunca Mais! La primera fue hace unos años a Burdeos a visitar a unos familiares en Francia. Desgraciadamente debido a una huelga general en el país el vuelo de regreso fue cancelado y hasta luego Lucas. Mi mujer, mi hijo y yo tuvimos que alquilar un coche y volver a Vigo por carretera. La segunda fue en unas vacaciones a Canarias, pero esta vez el avión había pasado por la lavadora. ¡O se encogió o le aumentaron las filas de asientos! Fuera de broma, una vez acomodado y abrochado el cinturón de seguridad estaba en una posición totalmente rígida, sin poder mover el respaldo ni tampoco abrir la pequeña mesita para apoyar la revista.
 El avión estaba repleto y lo primero que me pasó por la mente fue la seguridad, especialmente el tiempo necesario para evacuarlo en una emergencia. ¡Imposible! Jure que a partir de ahora solo viajaría en tren. A día de hoy es lo que mi pareja sentimental - mi mujer la gallega - y yo hemos hecho haciendo turismo en Coruña y Santiago seguido dentro de poco en Ourense y Oporto. Pero volviendo a Ryanair, por fin se ha destapado el misterio de la astucia de esta compañía aérea en haber conquistado casi el mundo entero con ofertas ridículas de vuelos a precios de rebaja desalojando en su camino a las tradicionales de toda la vida. La empresa comenzó las operaciones en 1984 como aerolínea de bajo coste con una modesta ruta entre Dublín y Stansted, Londres que siguió creciendo hasta que en 1992 la Unión Europea abrió la veda de la competencia con permisos para operar entre los países europeos. La estrategia principal, aparte de ofrecer gangas de viaje a la sociedad menos pudiente, eran los vuelos entre las ciudades europeas - generalmente con subvenciones públicas como el caso de Galicia - que no tenían enlaces directos. Fue un éxito rotundo. Sin embargo, la aerolínea fue criticada públicamente en una documental de la televisión británica en 2006 de no tener políticas adecuadas de entrenamiento, procedimientos de seguridad, higiene y un bajo moral del personal. Esto último ha pasado factura. Varios pilotos de un total de 4200 estaban con contratos temporales que había permitido un sistema de rotación sin derecho a descanso.
 De esta forma la aerolínea pudo cortar un gran porcentaje de costes y seguir abriendo nuevas rutas con aumento de pasajeros. Pero la burbuja estalló ante las demandas de éstos en exigir nuevas normas de contratación. De un porrazo, ya anunciado en la prensa, Ryanair ha tenido que cancelar decenas de vuelos diarios afectando a cientos de miles de pasajeros que ya habían pagado sus billetes por adelantado. La puntilla ha llegado con un posible pleito presentado por la Autoridad de Aviación Civil por estar ‘constantemente engañando a los pasajeros’ debido cancelaciones sin aviso. Y aún le queda el desastre del Brexit.