Guillermo Juan Morado (*)

Guillermo Juan Morado (*)

Todos asociamos Hollywood con el cine. También Bollywood, en la India, suena ya a cine. De estos últimos estudios ha salido el protagonista masculino, Ali Fazal, de la divertida película “La Reina Victoria y Abdul”, un filme que hace reír, sin duda, pero que, al mismo tiempo, ayuda a pensar.
En nuestro reino gallego contamos con la creciente importancia del festival de “Cans”. Quizá comenzó como una broma, pero ya es algo más que una broma. Empieza – o ha empezado a serlo – algo serio.
La película “Red de Libertad” nos remite a otro paisaje, distinto pero no lejano: A Rodriwood. A una tierra de cine que es Ciudad Rodrigo. Más importante que Cans, quizá no de momento, pero llamada a emular a Cannes, a Bollywood y hasta a Hollywood. ¿Por qué no iba a serlo?
El director de “Red de Libertad” es Pablo Moreno Hernández, que como guionista y productor de cine tiene ya un curriculum importante: Largometrajes: “Talitá Kum” (2007), “Pablo de Tarso, el último viaje” (2009), “Crónicas del camino, historias de hospitaleros y peregrinos” (2010), “Un Dios prohibido” (2012), “Poveda” (2015), “Luz de Soledad” (2016).
Es un director que lo que hace, en cine, lo hace muy bien. Y, encima, con muy poco dinero. Y esa capacidad de mejorar la relación calidad-precio ha hecho grande no solo a Hollywood, sino también a Bollywood y, por supuesto, a nuestro Cans, que ya hace tiempo que ha dejado de ser, como he dicho, una broma.
La película, “Red de libertad”, es preciosa. La protagonista es una “monja”  - según el Derecho Canónico sería una integrante de una Sociedad de Vida Apostólica – dotada de una enorme personalidad, de una gran valentía y de una extraordinaria fe. La protagonista, Sor Elena, es toda una mujer y toda una santa. Y esa gran mujer está representada por una gran actriz que es Asunta Serna. Que brilla en su interpretación.
Pero Sor Elena no está sola. En torno a ella, y urdida por ella, hay una gran “Red de Libertad”. Una red que no “pasa” de lo que sucede en el mundo, sino que se implica. Una red que incorpora, en su afán de salvar a presos de la dictadura nazi, a todo hombre de bien. Y el hombre de bien no es, en principio, un héroe. Puede ser un cobarde o un colaboracionista, pero, al final, sale su parte buena. 
Los teólogos dicen que la misericordia pone un límite al mal. El mal parece, cuando puede, invadirlo todo. Pero si se encuentra con alguien misericordioso, el mal retrocede. Lo hace hasta dentro de un campo de concentración, en medio de la dictadura de un poder despótico. Lo hace siempre, retrocede siempre, cuando la misericordia hace frente al mal.
“Red de Libertad” no es un sermón ni una tratado de Teología. Es una película muy bien hecha, que merece la pena ver y recomendar. También hoy el arte, y el cine lo es, un arte, puede llevarse bien con la fe. Si no han visto la película, vayan a verla ya. Me lo agradecerán.
 
(*) Profesor del Instituto
Teológico de Vigo.