Vivir para ver, no ver para vivir

Vivir para ver, no ver para vivir

Enuncio por segunda vez esta sentencia, que pronuncié por primera y única vez, aunque era solo parecida a la de ahora, y lo hice en una conferencia para buena parte de los miembros del  Colegio de Químicos de Galicia de Vigo, que entonces presidía J.M. Vieites, secretario general de ANFACO, que es la continuación de la Unión de Fabricantes de Conservas, creada esta en 1904, y cito de memoria. El acto tuvo el hermoso marco del Parador Conde de Gondomar, de Baiona. Cuando era castillo, paseaba por  aquella posesión familiar  José Elduayen, ministro varias veces  y casi toda la vida diputado a Cortes por el distrito de Vigo. El político que fue capaz, cuando era gobernador civil de Madrid, de poner en la frontera francesa a una joven agraciada y que no solo se dedicaba al canto y que era mas que amiga de Alfonso XII. Un rey propenso a las amistades de coristas.
Pero vamos con mi sentencia. Dicho con toda solemnidad: hay que optar por la plenitud, que es vivir la vida, y no por ver nuestra vida a través de ese ojo mágico de cerradura que es la televisión. Le llamamos caja tonta y es lista para captar espectadores a millones, que engordan en el sillón bol sin necesidad de comer frituras o bollería industrial, otra opción habitual. La tele hace populares en tres minutos a mindundis, o sea personal insignificante, mientras los verdaderos genios están en su casa entre libros, que todavía a estas alturas unas hojas encuadernadas, si son de interés, atraen a los que tienen madera de líderes sociales. Errado el que crea que un determinado libro obra prodigios, en tiempos poco dados a los milagros.El lector tiene que poner algo de su parte.
Recuerdo de los primerísimos tiempos de la Televisión Española de los cincuenta, como alguien, hábilmente, incluyó en la programación al catedrático de la Universidad, Luis de Sosa. Su producto televisivo se  titulaba “Tengo un libro en las manos”, que no se cómo coló en la parrilla, cuando lo que nos daban entonces los poderosos no era libros sino algo menos grueso,  cartillas de racionamiento. 
El caso es que la televisión se parece a los sacerdotes españoles  tradicionales. Estaríamos siempre a vueltas con la tele, unas veces delante con un cirio, para quemarla, y otrás detrás con una estaca para destrozar el  receptor a palos.  Hay que dar con el punto medio, que es el único punto centrista que parece quedar en un país donde mejor que sustituir a la casta, eleva a esa condición a la nueva élite política, empeñada en andar del revés: pajarita o lo que fuera en la fiesta de la gente del cine y quasi andrajos en la Zarzuela. A don Pablo ese nombre de residencia monárquica le suena a mariscos de Levante, porque está siempre con que quiere un gobierno a la valenciana.
No tengo nada contra la televisión, sino  contra el mal uso que hacen de ella algunos poderosos, no pocos periodistas estrella –en bastantes casos se estrellan mas y antes de lo que suponen-  y unos charlatanes en medios que no son ni TVE1 y TV2, A3 y TeleCinco,y  ni siquiera La Sexta y la Cuatro. De ahí para abajo hemos visto algo ominoso, o sea demonos por aborrecidos, como es que el presentador de un informativo, que suelen llamar Telediario a todo lo que tiene contenidos informativos y determinada duración mínima.  O sea, con perdón, como el caso de la aspirina hace muchos años, que era un genérico, que mas o menos podía hacer cualquier, y registró el nombre de la Aspirina como marca. Su punto débil  es su componente principal, que es ácido acetilsacilico, vaya nombrecito es que como ponerle a una criatura Abundio –no conozco ninguno, pero disculpas a los existentes-, para que la criaturita llegue al colegio con escafandra, para no escuchar el  soniquete de que es más tonto que Abundio.
Supuestos tontos al margen, los hay en los mas altos niveles de buen número de empresas. No le pregunten a Peter por su principio mas conocido, que donde está no puede contestar pero recurran a los libros, que digan lo que digan no han sido dados de baja por la televisión. Aquel principio, en versión libre y memorística viene a decir  que todo el personal puede ascender hasta alcanzar su nivel de incompetencia. Es gente que ha pasado media vida mirándose el lustre de los zapatos y de viaje la mirada de arriba abajo, el ombligo, que lo suelen ver muchos para entablar  un diálogo mas bien insulso. ¿No lo tienen claro? Los niños lloran al nacer, espantados por la fealdad del ombligo. Bendita comadrona que le puso un botón al ombligo, para disimularlo.
He encontrado entre mis libros arrumbados, que es como decir que esto no sirve para nada, otra de Peter, que conocí en los primeros ochenta, la edición española es de 1981, de Plaza& Janés.  La obra se titula “Personajes de Peter y sus maravillosas ideas”. Ya lo comentaremos, con permiso del Director, tengo la obra subrayada hasta las solapas. El autor escribe que “En toda cuestión hay dos posturas posibles, y las dos son equivocadas”. O sea, que en estos mas menos 5.118 caracteres que es esta proclama, si hubiera escrito todo lo contrario, también estaría equivocado.