“Vamos amarraditos”, que en campaña está mejor

“Vamos amarraditos”, que en campaña está mejor

Al fin, Iglesias y Garzón pueden cursar las invitaciones de su boda para el 26 de junio. La sombra de la Pradera es alargada, y en el viejo gramófono se escucha: “Vamos amarraditos los dos / espumas y terciopelo”. Luego viene el dúo: “La gente nos mira / con envidia por la calle, / murmuran los vecinos, / los amigos y el alcalde”. No creo que Abel Caballero, con lo atareado que está, se pare por estas cosas. Además, a nadie con sentidiño le gusta una boda que tendrá de postre deglutir los de Podemos a Izquierda Unida, que estos fueron incluso de los que lucharon contra Franco, que fueron muchos menos de los que ahora, con una cerveza y palomitas, cuentan sus hazañas antifraquistas. Murió en la cama, como es sabido. 
Lo cierto que estamos de campañas hasta arriba, al margen las políticas, que ya le llega. La del dos por uno en las grandes superficies. La de las vacaciones blancas de las agencias de turismo. La de “Sálvame” para que nos salvemos todos los que no conocemos esta otra Javierada –con perdón- televisiva. Una campaña es, según el “Diccionario de usos del español” de María Moliner, que para servidor es libro de cabecera, ”Campo no montañoso” , y como segunda acepción “actividad en que hay lucha o esfuerzo a favor o en contra de una cosa” y en un lugar casi perdido, dice “también de actividad política o comercial”.
Ahora nos van a hacer creer que la Real Academia de la Lengua es culpable de que los políticos no tengan que hacer los “ocho mil” y piensen, por el contrario, que “todo el monte (otros dicen el campo)  es orégano”, o sea que camino libre para todo lo que pretenden.  Y si este dicho del orégano nos lleva a pensar que todo es fácil, se entienden las campañas políticas sin solución de continuidad, desde el primero de enero al treinta y uno de diciembre. Que para eso tienen las vacaciones que tienen los políticos del Congreso, el Senado, algunos parlamentos autonómicos… Es que parecen aquel Onasis de yate inmenso, que se cameló a la viuda de Kennedy en un pisplas.
Antes de depositar el voto hay que observar a los candidatos, al  menos a los cuatro grandes. Tres de ellos son guapos, he visto en la tele a Pedro Sánchez  contar que se lo había llamado una señora. Vamos de menor a mayor en votos, que son todos universitarios, pero no vayamos a creer que los mejores salen solamente de la Universidad; ahí está Corcuera, con tan mala fama por aquello de la puerta abajo, que no es universitario y ahora es un piquito de oro, defensor de una política que está en el borde en que se tocan PSOE y PP. Garzón, dicen, al margen de  llegar antes don Baltasar el juez, significa joven dispuesto. Su disposición, ya rancia de antigua, por caer en los brazos de Pablo Carbonell.
No hay confusión, no. Iglesias, vaya apellido para quien quería conquistar el ciego, Pablo es como Carbonell. Este ha sido, entre cosas, integrante de grupos musicales y compositor, concursante de postín en la televisión, monologuista, actor, etc. Iglesias ha pasado de presentador de televisión pobre en audiencia, a invitado de teles ricas, especialmente la Sexta –que debería ser no pecar, como está mandado-, europarlamentario en un hemiciclo que ha recibido sobre todo  a políticos en edad de jubilación, docente subversivo, mago que en lugar del conejo saca de la chistera palabras mágicas, que han cabreado a miles y miles de españoles, sin cuantificar, pero le han votado cinco millones.…A Pablo Iglesias, que ya no es Carbonell, le encanta ser “la novia en la boda, / el niño en el bautizo, / el muerto en el entierro”. Es la canción de Cecilia que murió hace años en accidente de carretera; su procedencia, Vigo.
Albert  Rivera no sabe si ser Alberto II de Bélgica, que al fin abdicó o Alberto II de Mónaco, que sale en las revistas mas que el fundador de Ciudadanos. Cabe recordar aquel cuento en que los súbditos aseguran ven al rey ricamente vestido, pero mienten. Solo un niño dice que “el rey va desnudo”, y es lo cierto. Albert Rivera, a juzgar por sus poses, ya tiene la corona y se exhibió en pelotas en una antigua campaña electoral.
Pedro Sánchez, sucesor de un gran socialista, que también se llamaba Pablo Iglesias, debería ser obsequiado con un oscilómetro. Tendría constancia de sus oscilaciones políticas fueran cambios  de estrategia o manifestaciones y propuestas que ha tenido que rectificar. El ha demostrado que detrás de un gran hombre hay  una gran mujer. Es Susana Díaz, la lideresa socialista andaluza, presidenta  de Andalucía.
De Mariano Rajoy, aparte de lo del ectoplasma, en su vida política ha llegado con retraso a apagar los fuegos, además del trato generoso que ha tenido con sus compañeros con indicios de corrupción. Su insuficiente y a veces deficiente trato con los medios de comunicación  es otro error en su debe. Me recuerda a los baturros del tópico, que no se desdicen de sus errores en ningún caso. Aragonés era aquel humorista con gorra de hace poco mas de un cuarto de siglo. Es escena se llamaba Marianico el corto.
¿Cómo resumo la semana? Digo, cuéntame lo que pasó.