Cuando la multitud no está quieta, nos loamos

Cuando la multitud no está quieta, nos loamos

Todos, o casi todos para ser mas exactos, hemos dicho alguna vez de alguien que está “en olor de multitud” y rechazado por ello “en loor de multitud”. Cuando esta huele, pensamos, es que ha hecho ejercicio, no ha estado quieta, reivindica y cuestiona el poder en abstracto. Fundéu BBVA, que aclara dudas y  por eso cuida la salud del idioma, se inclina por el olor, tan poco grato. “A ese le sudan las axilas”, se puede escuchar  en el bus urbano de uno que va cogido  a la barra mas alta del vehículo. Pues no, el citado  sitio digital  dice de los medios de comunicación que pueden caer en el error, por ejemplo con esta frase: “El artista fue recibido en loor de multitudes al llegar a su tierra”. Cuando nos loamos cometemos un fallo de alabarnos, nos autoalabamos. Pero los excesos son siempre malos, vamos a ver, ¿hay algo mas sano que la fruta? Zamparse cuatro kilos, casi  seguro que pondrá al menos el estómago y el intestino hechos unos zorros.
Mediados los cincuenta, tendría yo 16 años cuando un profesor  me recomendó leer “La rebelión de las masas”. He sabido después  que mediado el siglo XX, eran bastantes los que consideraban a Ortega influido por José Antonio  Primo de Rivera, junto al cual había algunos intelectuales. Y que al principiar el siglo pasado, José Ortega y Gasset  escuchaba una conferencia de Ramiro de Maeztu, bastante plomo, en la Escuela de Artes e Industrias, que formó los primeros peritos, que tanto ayudaron  a  la creación del Vigo industrializado. El  centro docente tuvo como primer  director a Ramón Gasset,  pariente de Ortega.
Las masas las utilizaba mejor que nadie Francisco Franco y también el PC. Pero dejemos a este en paz.  Los que lo tenían no solo bajo palio sino sobre una peana, esta con sentido religioso,  que sería donde se exponía a los santos. Los que tenían así a Franco, decíamos, eran luego los que llenaban la plaza de Oriente, los magos  tendrían aquí  su morada en  España. Los reyes  de verdad, tanto el emérito como don Felipe,  nunca han vivido  en el Palacio Real, frente a la Plaza de Oriente. Allí decían los suyos y la prensa aherrojada, o sease –expresión que empleamos cuatro por encadenada- que en aquella plaza se juntaban un millón de personas. Decían lenguas que a pesar del bocadillo con su vino avinagrado,  no eran tantos los asistentes. José María Gironella erró al no señalar a los de la Plaza de Oriente como protagonistas de su novela “Un millón de muertos”. Demócratas orgánicos que veían doble y así les salían las cuentas.
Tengo una frase que he repetido mucho de palabra y no me ha costado disgusto alguno. Creo que no le he escrito nunca antes de ahora. Dice mas o menos así: “Al entierro  de Enrique Tierno y al  del dictador fueron los mismos…excepto los familiares e íntimos amigos de los muertos”. Es una crítica del hombre masa, que va a donde van otros muchos, y con frecuencia ni siquiera tiene la ideología del enterrado y tampoco ideología sin mas.
De Franco, por lo bajini, había quienes hasta se reían. Comprobé un par de casos en  el Madrid de 1964-1966, año y medio en total, que tenían cava en el frigorífico, que poco antes la gente llamaba nevera, cava, decía, para festejar la muerte de Franco. 
Vi en la tele, al menos dos veces, una película inolvidable y  que no reverencia a Franco. El  argumento consiste en un pobre hombre, al que la guardia de corps del Generalísimo secuestra. Después,  crema por  aquí, crema por allá y un vestuario adecuado hacen  un Franco bis. El entrenador es Saza, que solo con  echarle una ojeada a su mentón prominente llama la atención. Una escena memorable es la de la esposa del imitador a su pesar, la Lampreave, a la que su marido ha dado la señal con la que ella podrá reconocerlo en el NO-DO. Y luego, el propio  imitador  se empeña en ir a una casa de nenas –porqué llamamos tal a las que son rameras-, donde hay gente que se marea con la visión de Franco, que creen auténtico, o un cliente del prostíbulo que levanta el  brazo con el saludo romano importado por la Falange.
A los dictadores les gustan las obras públicas, caso del general Primo de Rivera, que hizo un plan de autopistas y una específica Vigo-Madrid. Aparte de prever  el aeropuerto del Norte en O Porriño,  cuando no lo había en Galicia, dio por hecho una base de hidroaviones en Cesantes. Nada de lo que concierne a Galicia se llevó a cabo.
Franco creó la Seguridad Social. Negarlo no es decente y sí una estupidez. Los pantanos eran la debilidad del General. “¿Cuántas presas hay en España?”, es un sitio digital. He sido yo con quien ha hecho los cálculos sobre los que ellos publican y no es fácil distinguir  el valor justo de cada variable, que en el ordenador aparece con pequeño tamaño. En el periodo de 1940 a 1975, se pasa de 150-160 presas y llegan a ser 600-610 en los setenta.  Poco o mucho, según la ideología de cada cual.
Ayer, hoy cuando me lea, fue el día de los Santos Inocentes, en la doctrina cristiana, el degüello de los menores de dos años nacidos en Belén. ¿Acaso hay que perder la esperanza cuando se registra tal barbarie, aunque  sea puro mito?