Criterios de una baronesa de antaño y de una filósofa de hogaño

Criterios de una baronesa de antaño y de una filósofa de hogaño

Mi santa me enseña el que debe ser penúltimo número de la revista Lecturas. No me atrevo a calificarla de femenina, porque tengo la sensación de que este género periodístico tiene bastante lectores. Es habitual, por ejemplo, encontrar revistas para la mujer en una peluquería unisex. Esto puede ser lógico, pero no es ese el hallazgo que han hecho unos amigos mios: hay hombres que las devoran, algunos para decir que las leen por encima del hombro de su esposa o lo que sea suyo. Yo no soy habitual pero confieso sin vergüenza que de vez en cuando echo una ojeada a varias.
La citada revista le dedica a la baronesa Thyssen menos de la mitad de una columna.  En una breve declaración incluye esta joya: “Ser rica siempre es difícil; es peor ser pobre. Yo soy rica en una colección ( de arte) que me genera gastos, no beneficios”. Ya se ve, cuando se hace un selfie de rica en dificultades, ¿saldrá favorecida? No especifica si se refiere a los problemas que durante mucho tiempo le ha creado Borja, fruto de sus entrañas pero sin la colaboración del difunto barón, según dicen los que de esto saben. Enfrentamientos mas o menos duros y casi siempre con publicidad de paparazzi, que han tenido por motivación una herencia. O sea que la riqueza también se hereda sin gran esfuerzo del heredero, y hay mas casos de lo que aparenta ese enriquecimiento venal, de vena por la que  corre la sangre de los padres, los tios sin hijos, vaya usted a saber lo que cabe en este apartado. Y no venal como algo que se vende, caso de un libro, que se mantiene en un IVA al cuatro por ciento, con justicia, en tanto llegan hasta el veintiuno por ciento los libros electrónicos. 
Es difícil, sin duda, ser rico como debe serlo cualquiera que ejerce con sentido social, y revierte a la sociedad una parte de lo que ha recibido de ella. Especialmente difícil para que aquel que piensa que por ser solidario le mermará la hucha en un pisplas, dicho de otro modo en un suspiro, mas rápido que el viento. En un pisplas parece que algunos devienen ricos en la Bolsa, pensará, no lo piense, que eso solo se consigue gracias a la información privilegiada, que haberla hayla pero últimamente están despendolados, o sea el desmadre, los de Hacienda de paseo para los paraísos y no la bolsa que “Barcelona es bona si la bossa sona”. Habrá que pedirle consejo a los jordis, padre, hijos y mas familiares. 
Pero volvamos a Tita Cervera, que dicen que para su madre era como esos ricos pescados que gozan desde hace años y años, de la trazabilidad que ordenan; o sea, llevan escrito en las vísceras por donde han andado antes de caer en la red. Con esta de la red vuelve a acordarme del pasado de Tita, la niña pobre que devino baronesa, con las ventajas que eso tiene, diga ella lo que diga. Su señora madre le trazó el futuro, según www.libertaddigital.com, en un primer envite con los concursos de misses, luego un vuelo en el que le cambió la vida a la actual baronesa, al coincidir camino de una boda con Lex Barker. Pienso que era cosa de tres: Lex, la Cervera y, ya que el era Tarzán, su inseparable compañera Chita se uniría con prudencia a la pareja.
Antes de leer el final de “Entrar a por uvas” de hoy, hay voluntarios a docenas para dar clases a la baronesa,  enseñarla a ser rica con la dignidad que da ser solidario. Hace tanto tiempo que ella ha dejado de ser misérrima, o sea, ser pobre en superlativo, que no debe acordarse de una sede de Cáritas,  un comedor social, una chabola. Todo eso se olvida echando la red. Y luego, ya hace siglos que Imperio Argentina no era imperial pero sí bonaerense y cantaba esto: “Échale guindas al pavo, / échale guindas al pavo, / que yo le echaré a la pava,/  azúcar, canela y clavo (…)”. Que bien le habría a Tita Cervera ese pavo en su mocedad, que ahora  seguro que no le interesa por ser comida vulgar.
Se llama Victoria Camps, bendito sea el lector que siquiera les suene. En 1990 se llevó un prestigioso premio de ensayo de la Editorial Espasa. Lo consiguió gracias a “Virtudes públicas”, libro que tengo a mi lado cuando escribo. Es una edición del Círculo de Lectores del año del premio. Según la cubierta de papel del libro, la Camps era en aquel momento catedrática  de la Universidad Autónoma de Barcelona y en 1993 fue elegida senadora por el distrito de la Ciudad Condal, independiente en las listas del PSC-PSOE.
Uno peca a veces de excesivamente sincero, y comparando las dos mujeres, tengo que pensar necesariamente en Victoria. Ah, que piense bien cualquiera que lo haya hecho ahora para mal, lo que quiero es pensar no, que no, que por ahí no. Me apunto a pensar en cosas trascendentes, el futuro de su Barcelona, donde la señora Camps nació, el futuro del feminismo en España. Apenas abierto el libro, escribe su autora: “(…) se empieza a percibir, en las sociedades occidentales desarrolladas, un vuelco hacia una cultura `post-materialista´, esto es, una cultura menos fascinada por el valor único y exclusivo del dinero y lo que con el se compra (…)”. ¿Lo sabrá la baronesa?