¿Puede Pedro Sánchez regenerar el PSOE tras llevarlo al abismo?

¿Puede Pedro Sánchez regenerar el PSOE tras llevarlo al abismo?

Yo me pregunto si los militantes del PSOE que jalean, apoyan, bendicen, exaltan y reclaman la vuelta de Pedro Sánchez como el divino salvador de su partido, el guía de su nación que los sacará del Egipto de la esclavitud de servidor de la derecha, a cuyo carro lo ató un tajo de traidores de la gestora, digo que me pregunto si han reparado en el pequeño detalle de que el nieto del general Castejón es el dirigente que en cada convocatoria logró reducir el espacio electoral de su partido y cosechar uno tras otro los peores resultados de su historia.
O sea, que reduciendo el asunto a una mera cuestión de marketing, parece que la marca Pedro Sánchez no vende. Claro que estos militantes parecen padecer una amnesia común ven más enemigos dentro de su partido que adversarios fuera. Sigo a alguno de los más activos en redes sociales y paso del asombro a la perplejidad cuando leo que su partido está lleno de “comemierdas, traidores y fascistas”, por decir lo más suave.
¿Cómo va a regenerar Sánchez lo que previamente destruyó? Y lo más peculiar en la abstracción intelectual de la obra y los hechos y los dichos del ex secretario general. ¿No decía primero que nunca pactaría con Podemos porque podemos es el populismo que nos lleva a Venezuela? Tal parece que nos hicieron un servicio a todos los españoles quienes, dentro del partido, en uso de sus propias previsiones estatutarias, coartaron el propósito de Sánchez de entregarse en los brazos de Podemos y de asumir los planteamientos de la burguesía catalana a y de los antisistema del mismo espacio, hoy en coyunda pintoresca, aparte de otros especímenes variados donde se alista de todo, con tal de que expresen de manera evidente odio al concepto mismo de España, ya sean “charnegos renegados”, o sea, rufianes (léase como adjetivo) y ex tupamaras.
Cuando en los alegres saraos donde se jalea el retorno del despedido perdedor repetido, ahora gran esperanza de una parte del PSOE, ¿se asumen todos los palmeros los efectos de un hipotético regreso del derrotado como bandera de enganche para ganar las elecciones y/o coaligarse con los bolivarianos y su programa y objetivos? Porque, tras las declaraciones de Sánchez, ambas cosas van unidas: Cataluña es una nación al margen de España; España es una nación de naciones, y el destino natural del PSOE es gobernar con Podemos. Está claro.
Y hay que retorcer los argumentos con relación al pacto de gobierno de PSOE con el PNV en el País Vasco. Primero, porque no es nuevo; segundo, que pese a su verbalismo patriótico, los nacionalistas vascos han mostrado y muestras más realismo que los catalanes (¿quién lo diría?) y su política efectiva se sustenta en el pacto, el acuerdo, la negociación, no en la ruptura o el desafío al Estado del modo que ahora lo hacen la derecha nacionalista catalana y la variada troupe que le cubre la pista y marca el camino. No es lo mismo. Los vascos, por lo general, salvo reclamos más simbólicos que reales, plantean, por lo general, algunas cosas posibles, aunque no es llegado el tiempo de satisfacer algunas, como la prevista transferencia de las prisiones, como en Cataluña, bajo la jurisdicción de su gobierno. Quizá cuando ETA entregue las armas, pida perdón y se aclaren los 300 asesinatos impunes se podrá abordar el asunto.
Pero volviendo a Sánchez, nos espera un carrusel interesante en su peregrinar por España. Ya veremos donde para, y donde podemos parar todos. De momento, que siga la fiesta, la feliz cabalgata del héroe que vuelve. Pero bien pensado, ¿héroe de qué?